Un tribunal obliga a dos empresas energéticas a pagar 148.000 dólares a una pareja por el ‘síndrome de la turbina’ (que no existe, según la ciencia)

Un tribunal obliga a dos empresas energéticas a pagar 148.000 dólares a una pareja por el ‘síndrome de la turbina’ (que no existe, según la ciencia)

Se trata del primer precedente legal a ese respecto.

En Toulouse, Francia, un tribunal de apelaciones dictaminó que los generadores eólicos instalados junto a una casa en un pueblo del departamento de Tarn son perjudiciales para la salud de quienes allí residen, informa France Bleu. 

Así, dos empresas energéticas están obligadas a pagar 128.000 euros (148.000 dólares) a Christel y Luc Fockaert, por los problemas de salud causados por el ‘síndrome de la turbina’.

El parque eólico, instalado en 2008, se encuentra a 700 metros de la casa donde vivían. La familia Fockaert comenzó a sentirse enferma cinco años después, cuando fueron talados los árboles hasta entonces presentes entre la localidad y las turbinas. Según la pareja, ambos experimentaron síntomas tales como pérdida de sueño, fatiga, dolores de cabeza, mareos, zumbidos o acúfenos, taquicardias y pérdidas de conocimiento

Par de años después, en 2015, y todavía sin entender la causa de sus dolencias, Christel y Luc Fockaert se mudaron. Y entonces sus problemas de salud desaparecieron. 

«No nos percatamos enseguida, pero poco a poco nos dimos cuenta de que el problema eran los aerogeneradores», dijo Christel en una entrevista a France Info, publicada el pasado sábado.

En 2020, un juzgado desestimó la demanda de la pareja, que exigía 350.000 euros (406.000 dólares) como compensación por el daño causado. No obstante, este año el tribunal admitió el recurso y reconoció la existencia del ‘síndrome de la turbina’, lo que constituye el primer precedente legal sobre el tema. 

El ‘síndrome de la turbina’ es un término que designa supuestos efectos adversos para la salud humana por causa de la proximidad de turbinas eólicas. Sin embargo, numerosas investigaciones científicas han confirmado que tal síndrome no existe. La mayoría de los autores de artículos revisados por expertos coinciden en que la gente empieza a sentirse enferma por el influjo de falsas noticias a ese respecto.