Tras la pista del horror sirio: buscando al asesino del ‘paseo’

Tras la pista del horror sirio: buscando al asesino del ‘paseo’

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El ser humano puede llegar a ser extremadamente cruento. Es en tiempos de guerra cuando, alentado por las circunstancias, exhibe su crueldad más nihilista. Sobran los ejemplos. El azar y la valentía permitieron que dos investigadores obtuviesen uno de los más horrendos que se han conocido en el marco de la sangrienta guerra de Siria. Su perseverancia ha permitido identificar al culpable, y servir a los tribunales, en bandeja, la posibilidad de hacer justicia con un crimen de lesa humanidad.

Según ‘The Guardian’, el medio que proporciona el relato, todo comenzó hace tres años, cuando un joven y novato miliciano, a las órdenes del Gobierno sirio, recibió un ordenador portátil usado por una de las agencias de Inteligencia del régimen de Bashar al-Asad. A pesar del miedo a ser pillado in fraganti fisgoneando entre los archivos de tan sensible máquina, el chico pulsó en uno de ellos. Era un vídeo. Lo que vio le horrorizó. Tenía que compartirlo. Y luego, huir a toda prisa de Siria. Se salvó.

EL MUNDO también ha accedido a la grabación íntegra. Durante largos minutos,una serie de individuos con ropa civil, maniatados y con los ojos vendados, son acompañados unos metros, empujados hasta caer al fondo de una zanja que no pueden ver y luego tiroteados por un grupo de combatientes, entre comentarios jocosos sobre la situación. El registro del archivo permite saber que se grabó el 16 de abril de 2013 en Tadamon, un distrito a las afueras de Damasco, en sentido sur.

Algunos detalles de la grabación son angustiantes. Las víctimas no solo no parecen ser combatientes opositores, en el contexto de la guerra que sacude el país, sino que, además, desconocen que los están enviando a dar un ‘paseo’, como en la Guerra Civil. Los asesinos llegan a hacerles creer que les están ayudando a salvarse de morir tiroteados. A uno le animan a correr a toda prisa hacia la zanja para supuestamente huir de un francotirador. Se ríen de ellos poco antes de asesinarlos sin miramientos.

Al final de la grabación han podido contarse 41 cadáveres. Finalmente, los verdugos echan combustible a la pila de muertos y les calan fuego. Una estrategia para borrar los rastros del crimen cuyo último ejemplo se ha visto en Bucha e Irpin, a manos de soldados de la misma Rusia que habilitó a las fuerzas de al-Asad para cometer tales crímenes. Pero esta vez había unas imágenes impepinables del acto, alguien dispuesto a difundir la grabación y expertos dispuestos a seguir la pista para señalar a los responsables.

De los autores, el más fácilmente identificable era un individuo delgado y alto, con barba, ropajes de camuflaje y un característico gorro de pescador. Alguien que, explica ‘The Guardian’, sería identificado como Amjad, un alto mando de la rama 227, conocida como La Región, una de las unidades de la Inteligencia militar más sanguinarias. Pero para saber todo esto tendrían que pasar largos y agónicos meses. Y una persona debería de desdoblar su personalidad para lograr la confesión del asesino.

Los investigadores Annsar Shahhoud y Ugur Ümit Üngör, del Centro del Holocausto y el Genocidio de la Universidad de Ámsterdam, recibieron el vídeo de manos de un activista opositor con quien aquel miliciano que descubrió el archivo se puso en contacto. Nacida en una comunidad que se identifica con el líder sirio, pero deseosa de rendir cuentas con él, Shahhoud se propuso llegar hasta los culpables infiltrándose entre ellos. Su coartada sería un perfil de Facebook sugerente y un discurso atractivo.

Así, Annsar Shahhoud pasó a convertirse en Anna Sh. La opositora sedienta de venganza sería en las redes sociales, por dos años, una fan entusiasta del Gobierno sirio y de su causa contra el «terrorismo» islamista, capaz de idolatrar y de lisonjear a diario a sádicos combatientes baazistas. Aquello tuvo un precio. Pero, después de meses de contactos virtuales con todo tipo de agentes asadistas, que mientras se venían arriba con tanta admiración bajaban la guardia, llegó a su presa.

Pero no fue suficiente. Annsar, o mejor dicho Anna, tuvo que hacerse amiga de Amjad. De penetrar su coraza, alcanzar su corazón, abrirlo en canal y obtener la confesión: «Maté mucho», acabó por decir una noche. «Me vengué», reconoció, refiriéndose a que, poco antes de los crímenes mostrados en el vídeo, su hermano había muerto en el campo de batalla. «Estoy orgulloso de lo que hice», acabaría asegurando, cuando, ahora ya con su verdadera personalidad, Annsar le confrontó con los presuntos crímenes.

Todas las pruebas de aquella masacre en Tadamon ya están en manos de la Justicia. Sin embargo, todavía queda mucho para romper totalmente el muro de impunidad alzado alrededor de las múltiples matanzas cometidas en Siria. A principios de este año, un tribunal alemán en Coblenza condenó por primera vez in situ, a sendas penas de prisión, a dos exfuncionarios del Gobierno sirio por múltiples crímenes de lesa humanidad. Los investigadores esperan que el próximo pueda ser Amjad.