Sin jóvenes para ‘faenar’: «Si no fuera por los inmigrantes, el 80% de las embarcaciones no salía»

La patronal denuncia el escaso relevo generacional en el seno de la industria. «Será uno de los principales retos al que se enfrentará el sector en los próximos años» Leer

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La patronal denuncia el escaso relevo generacional en el seno de la industria. "Será uno de los principales retos al que se enfrentará el sector en los próximos años" Leer

Campo El mundo rural se queda huérfano de jóvenes: «No quieren estar aquí»

La faena no seduce a la juventud. Los datos que presentará este miércoles la Confederación Española de Pesca (CEPESCA) en su Informe sobre el sector evidencian la falta de relevo generacional en el seno de esta actividad a pesar de las medidas que la patronal ha tratado de implementar estos últimos años. Ni los cursos de formación profesional dual desarrollados con diversas entidades ni tampoco el contacto continuo con las escuelas de formación han logrado revertir una situación que, en palabras de su secretario general, Javier Graat, «será uno de los principales retos al que se enfrentará la industria en los próximos años».

Lo sabe bien Rubén Arego (Castellón, 1998), quien puede contar con los dedos de una mano a sus coetáneos en el puerto de alto Grao de Castellón. «Mira, aquí ya no se gana como antes, los recursos pesqueros y las distintas explotaciones de pescado no están sanas al 100%, por eso no se gana lo que se ganaba antes cuando el caladero estaba bien. Ahora los chavales prefieren trabajar en tierra, saben que cobran un poco menos, pero duermen en casa. En el puerto habrá unas 300 personas y a los jóvenes los cuento con los dedos de una mano», argumenta.

Su historia es como pocas en la costa del mediterráneo valenciano. Hasta donde sabe sobre su familia, es patrón de sexta generación, aunque si empieza a ascender por su árbol genealógico este idilio con la mar quizás «llegue mucho más atrás», sostiene. Arego siempre lo ha tenido claro, quedó prendido del mar cuando aún era niño y, con tan sólo 15 años, decidió dar un paso al frente. «La mayoría de mis amigos tiene carreras universitarias, aquí si no tienes una vinculación como la que yo tengo con la pesca es muy complicado empezar a trabajar en mi posición. Con 16 años lo tenía claro y empecé a formarme para poder dedicarme a ello», explica.

Su relato coincide con las cifras. Cerca del 65% de los empleados del sector tiene muy cercana su edad de jubilación y los jóvenes no llegan. Los requerimientos de personal en esta franja de edad son «muy altos», reconoce Arego, sin embargo, las condiciones laborales hacen que muchos de ellos se decanten por otros puestos de trabajo lejos de la mar. «En este sector no existe un salario fijo, cuanto más se pesca más dinero se gana. La falta de jóvenes la estamos teniendo que cubrir con mano de obra extranjera. Si no estuvieran los inmigrantes el 80% de las embarcaciones se quedaba en tierra«. Son jornadas de 12 horas al día y muchas veces acabas pensando que no compensa», confiesa. En el barco que comanda el joven patrón, la edad media asciende a unos 52 años.

En lo relativo a las dificultades que, como joven, ha de enfrentar en la actualidad, Arego destaca el efecto que la inflación ha tenido sobre los carburantes y, por ende, sobre su hoja de gastos variables. En su caso, con dos embarcaciones de 25 metros de eslora, hace uso de 4.000 o 5.000 litros semanalmente en cada uno de sus barcos. Soportarlo no es sencillo. «El precio se ha triplicado o, incluso, cuadruplicado. Nosotros, por suerte, no practicamos la pesca de arrastre, que gasta bastante más. Es complicado lidiar con esta situación ahora mismo», apunta. El sector se ha movilizado junto con las distintas patronales agrarias en varias tractoradas para exigir medidas que ayuden a paliar esta situación.

No obstante, la inflación no es el único hándicap al que se ha de enfrentar. En este sentido, Rubén Arego lamenta el «importante desprestigio» al que su sector ha de hacer frente hoy en día por parte de la sociedad. Esta tesitura provoca que muchos jóvenes no acepten empleos en la industria debido al estigma social que les rodea. «De primeras, cuando conoces a alguien y le dices que eres pescador se impresiona para bien. El problema es que con el paso del tiempo su parecer cambia y, al final, la mayoría siempre dice que estamos aquí porque no nos ha quedado otra. Creo que es muy injusto, realmente, hay muy pocas personas que estén dispuestas a hacer este trabajo y no se valora nuestro esfuerzo como debería», afirma.