Rusia y Ucrania: la terrible muerte de una pareja ucraniana que trataba de escapar con su pequeño hijo del cerco ruso a Kiev

Maksim Iovenko y su esposa Ksenia fueron asesinados mientras circulaban por una carretera. Testigos y evidencias en video señalan a las fuerzas rusas.

Abdujalil Abdurasulov & Mal SiretBBC News, Kiev

22 minutos

Fuente de la imagen, Supplied

Las imágenes del dron muestran tres autos que circulan a toda velocidad por una carretera principal vacía en las afueras de Kiev, la capital ucraniana, cuando de repente dan la vuelta y regresan. Todos excepto uno.

Este auto blanco gira, pero luego se detiene. Un hombre sale y levanta las manos. Entonces su cuerpo cae al suelo. Momentos después, los soldados rusos se acercan. Una anciana y un niño salen del auto y un soldado se los lleva.

El hombre en el suelo era Maksim Iovenko. Tenía 31 años y murió por disparos de las fuerzas rusas que estaban posicionadas al borde de la carretera. Su esposa Ksenia, que estaba en el auto, también murió.

Su hijo de seis años y la anciana amiga de la familia que los acompañaba escaparon, aunque ella resultó herida y permanece en el hospital. (Ambas familias pidieron que no se publicaran sus nombres).

«Hasta que vi el video, todavía tenía algo de esperanza», dice el padre de Maksim, Sergiy Iovenko, a la BBC en Kiev, donde vive. «Esperaba que estuviera vivo».

El incidente ocurrió el 7 de marzo, cuando Maksim y su familia se unieron a un convoy de unos 10 automóviles de civiles que intentaban llegar a Kiev desde las afueras occidentales de la ciudad, que se había convertido en una zona de conflicto.

Fue filmado por un grupo de defensa territorial ucraniano que realizaba un reconocimiento aéreo y se compartió ampliamente.

El video parece mostrar a las fuerzas rusas disparando contra civiles.

Cuando un amigo de Maksim que formaba parte del convoy llamó a Sergiy para contarle la noticia, Sergiy dice que inmediatamente supo que algo andaba mal. Hubo un silencio cuando tomó el teléfono y, finalmente, el amigo dijo: «Mantente fuerte, tu hijo y tu nuera se han ido».

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Maksim vivía en Kiev y trabajaba para una agencia de viajes, donde conoció a Ksenia. Sergiy describe a su hijo como un hombre de familia de buen corazón al que le gustaba cantar en el karaoke. Pero su mayor pasatiempo era su familia. «Amaba mucho a su hijo, era su pasión», asegura.

«Putin no sería capaz…»

Como muchos otros ucranianos, Sergiy dice que él y su familia no creían que el presidente ruso, Vladimir Putin, sería capaz de invadir Ucrania. Una vez que lo hizo, Maksim pensó que Kiev sería una de las primeras ciudades en ser bombardeada.

Tras haber discutido la situación con un viejo amigo de la escuela, Maksim y su familia se mudaron al oeste, a la segunda casa del amigo, en las afueras de Kiev, no lejos de la autopista E-40 donde ocurrió el tiroteo. Maksim dijo a su padre que pensaba que allí estaría más tranquilo y seguro.

«Resultó todo lo contrario», dice Sergiy.

Si bien el foco principal de Rusia parecía estar en el este y el sur del país, las fuerzas rusas también comenzaron a bombardear pueblos y ciudades al oeste de la capital, como Irpín, Bucha y Hostomel, cerca de donde se alojaba Maksim. Sergiy dice que a menudo escuchaba el sonido de los fuertes bombardeos desde su casa en Kiev.

Maksim no dijo mucho sobre las condiciones en la casa de campo, dice Sergiy. «Él decía que era tranquilo, pacífico, normal».

Maksim y su amigo, también llamado Maksim, se turnaban para patrullar el área durante la noche, dice Sergiy. Los cortes de energía y la mala señal móvil dificultaban el contacto regular. A medida que continuaba el bombardeo, se mudaron al sótano y sólo salían para comprar comida.

Luego, el 7 de marzo, perdieron todo el suministro. Sin electricidad, calefacción ni comida, Maksim, Ksenia y otras familias que vivían en la zona decidieron regresar a Kiev. Sabían que corrían el riesgo de toparse con tropas rusas a lo largo de la carretera, pero pensaron que podrían atravesarla con seguridad.

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La huida

El automóvil de Maksim era el tercero en el convoy, compuesto por unas 50 personas, incluidos más niños. En las ventanas de su automóvil había puesto letreros escritos a mano en papel blanco que decían: «Niños».

Su amigo era parte del mismo convoy. Su madre era quien estaba en el auto con Maksim y Ksenia, y pudo contarle a Sergiy lo que sucedió.

Cuando comenzó el tiroteo, el auto de Maksim recibió un impacto. «El motor del auto se paró», dice Sergiy. «Mi hijo saltó del auto, levantó las manos y comenzó a gritar que había un niño en el carro, para salvarlo».

No está claro por qué el resto del convoy se quedó atrás de los primeros tres autos, pero Sergiy cree que muchos de los que iban detrás se dieron la vuelta cuando vieron que los autos de enfrente giraban y escucharon los disparos.

Después del tiroteo, el cuerpo de Maksim quedó en la carretera y el de Ksenia en el automóvil. Los soldados rusos dijeron al hijo de Maksim y a la madre de su amigo que regresaran caminando por la carretera.

Cuando llegaron a una distancia segura de los soldados rusos, la anciana llamó a su esposo, quien llegó para llevarlos a un lugar seguro. Regresaron a casa y fueron evacuados a Kiev al día siguiente.

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El niño está con su abuela en un lugar seguro en Ucrania pero lejos de Kiev, donde permanece Sergiy.

La pasada semana, Sergiy recibió una llamada informándole de que el área había sido retomada por las fuerzas ucranianas. Había más malas noticias.

«Los quemaron a todos. Quemaron los autos también», dice Sergiy.

Un equipo de periodistas de la BBC visitó el mismo tramo de la carretera y vio muchos autos y cuerpos quemados. Entre ellos estaba el coche de Maksim, acribillado con metralla y reducido a un cascarón por el fuego, con los restos quemados de un cuerpo en su interior y otro en la carretera, a su lado, todavía con un anillo de bodas.

Sergiy dice que está desconsolado por lo sucedido y por lo que su nieto ha tenido que presenciar.

El niño recuerda haber visto a los soldados rusos con sus armas y está recibiendo apoyo de familiares y especialistas, dice Sergiy.

«Las únicas palabras que dijo cuando llegó a un lugar seguro, a sus abuelas, fueron: ‘Ya no dormiremos en un sótano, ¿verdad? ¿Y no habrá hombres que den miedo?'».

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