Rusia distribuye pasaportes para arraigarse en el sur ocupado de Ucrania

Rusia distribuye pasaportes para arraigarse en el sur ocupado de Ucrania

Guerra A Ucrania se le atraganta la Historia

Olesya Novitskaya no dudó ni un momento cuando las autoridades de ocupación empezaron a otorgar pasaportes rusos en Melitópol, una ciudad del sureste de Ucrania conquistada por las fuerzas de Moscú. «Lo estábamos esperando», asegura.

AFP habló con esta maquilladora profesional de 31 años en el marco de un viaje de prensa organizado por el Ministerio ruso de Defensa para mostrar la acogida dada a los ocupantes por la población.

Los periodistas no pudieron desplazarse libremente en la ciudad ni hablar con los habitantes sin ser acompañados de una escolta militar rusa.

Acompañada de sus dos hijos, Novitskaya estaba en una fila de espera de unas veinte personas para pedir sus documentos rusos.

«Creo que viviremos todos en Rusia, entonces necesito un pasaporte ruso. Para poder vivir aquí de manera oficial y normal», explica a la AFP con un niño en brazos.

Las autoridades de ocupación de la región de Zaporiyia, donde se sitúa Melitópol, quieren organizar un referéndum a finales de año para formalizar la anexión a Rusia.

Tras unas semanas de espera, Novitskaya deberá recibir sus nuevos documentos en una ceremonia en la cual sonará el himno ruso frente a un retrato de Vladimir Putin.

Esta distribución de pasaportes, que también tiene lugar en otras zonas ucranianas ocupadas, es parte de la estrategia de Moscú para implantarse en la región de manera irreversible.

Otras medidas incluyen el pago de salarios y pensiones en rublos, la moneda rusa, la inauguración de líneas de tren y autobús que conectan con la península de Crimea anexionada en 2014 y la apertura de escuelas de lengua rusa.

Melitópol fue tomada por los rusos poco después del inicio de la ofensiva el 24 de febrero. Casi no hubo combates en la ciudad, lo que evitó que terminara destruida.

En ese momento, el ejército ucraniano estaba defendiendo Kiev, la capital y Mariúpol, una ciudad portuaria sitiada y bombardeada durante semanas.

Este mes de julio, la presencia militar rusa es discreta, pero aún hay controles de carretera en algunas salidas de la urbe. Pero a Novitskaya no le molesta.

«Para ser honesta, esperábamos eso en 2014», el año en que se anexionó la península de Crimea y en que inició el conflicto armado en el este de Ucrania con los separatistas prorrusos.

Reconoce sin embargo que no toda la población piensa como ella. «Hoy, todo el mundo está dividido», indica. «Algunos están a favor de Rusia, otros de Ucrania», señala.

Ella misma se considera rusa, como muchos habitantes de esta región donde el ruso es el idioma dominante. «Para mi hijo que estaba en segundo año de primaria, era difícil estudiar en ucraniano», relata.

En la fila de espera también está Damir Kadyrov, un jubilado de 65 años que cree que es «necesario» obtener un pasaporte ruso tras la llegada de los rusos a Melitópol.

«Como han decidido acabar con los fascistas, las cosas estarán más tranquilas, como en la época soviética», dijo, haciéndose eco de la propaganda de Moscú, que afirma estar luchando contra «fascistas» y «nazis» en Ucrania.

Pero viendo las cifras, este entusiasmo está lejos de ser compartido por todos los habitantes de Melitópol, que antes de la ofensiva rusa tenía unos 150.000 habitantes.

El jefe de la administración regional de ocupación, Yevgeny Balitsky, reconoce que solo se distribuyen entre 20 a 30 pasaportes diarios en esa localidad y «unos cien» en toda la región.

El ritmo «aún no está a la altura», lamenta, al tiempo que señala que los controles de los servicios de seguridad rusos están retrasando el proceso.

A esto se suma un clima generalizado de desconfianza. Los que apoyan a Ucrania temen la represión rusa. Y los que prefieren a Rusia temen ser considerados como «traidores» o «colaboradores» por los partidarios de Kiev.

De hecho, una parte de las personas que estaban en la fila para pedir pasaportes prefirió irse ante la llegada de cámaras de televisión y de una procesión militar rusa ante el edificio administrativo.

«No hablamos» de los pasaportes rusos «entre nosotros», admite Galina Vladimirovna, una habitante de 58 años. «Aún es tabú, todo el mundo tiene miedo», asegura.