Rusia abrirá tiendas para extranjeros para captar divisas y mantener importaciones

Venderán productos importados cada vez más difíciles de encontrar, aunque no podrá comprar en ellas cualquier persona Leer

Rusia abrirá tiendas para extranjeros para captar divisas y mantener importaciones

Venderán productos importados cada vez más difíciles de encontrar, aunque no podrá comprar en ellas cualquier persona Leer

Rusia introducirá tiendas libres de impuestos para vender productos importados occidentales a diplomáticos a cambio de moneda extranjera. Es la misma idea que se puso en marcha durante la URSS a través de las famosas tiendas beryozka, símbolo del privilegio oficial durante la escasez cotidiana de la era soviética.

Estos selectivos comercios venderán productos importados cada vez más difíciles de encontrar en las tiendas rusas comunes a medida que las marcas extranjeras abandonan el país por la guerra en Ucrania. Abrirán en otoño y entre los productos que podrán venderse destacan el alcohol y el tabaco, además de joyas, cosméticos, perfumes y dulces. Según el portal ruso Mediazona, también se venderán teléfonos y relojes, aunque no está claro si estará disponible el iPhone, que tiene los días contados en Rusia.

Estas tiendas no serán para todos. Para realizar una compra los visitantes deberán presentar un documento oficial que demuestre que son diplomáticos extranjeros, empleados de una entidad internacional o bien familiares. Se aceptarán pagos en dólares y en euros: igual que en las tiendas beryozka soviéticas, se espera usar estos comercios para captar divisas en un momento de parcial aislamiento financiero y en medio de un continuo éxodo de marcas. Pero, según algunos analistas, sobre todo servirá para legitimar indirectamente la ‘exportación paralela’ con la que Rusia está esquivando algunas sanciones, importando marcas que se han marchado del país recurriendo a terceros países.

También vuelve el papel directo del estado en el comercio: estas tiendas serán propiedad de una empresa creada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y otra entidad elegida en un concurso.

El departamento de Exteriores de Rusia lleva años barajando la idea de poner en marcha estas tiendas. Desde 2015 no es posible encontrar muchos productos europeos en los supermercados por culpa de las ‘contrasanciones’ dictadas por Moscú en respuesta a los vetos que le fueron impuestos tras la anexión ilegal de la península ucraniana de Crimea.

Estos días los compradores han acudido en masa a las tiendas propiedad de marcas para aprovechar los últimos días. Es lo que pasó en algunos H&M cuando el minorista de ropa sueco reabrió sus puertas esta semana en una liquidación final de su inventario antes de abandonar el país para siempre. Lo mismo ocurrió con Ikea, que organizó una liquidación para empleados y luego en internet.

H&M abrió en Rusia en 2009 y detuvo su operación en marzo. Al igual que otras marcas, anunció su retirada total en julio. Alrededor de 6.000 empleados también perderán sus trabajos en la empresa en Rusia por la marcha de H&M.

Lego dejó de suministrar productos a Rusia en marzo, pero sus tiendas permanecieron abiertas mientras los minoristas rivales se retiraron. Lego ha comunicado ahora que termina su asociación con Inventive Retail Group, que administra 81 tiendas con su nombre. «Seguimos abiertos, pero no sabemos por cuánto tiempo», explicaba esta semana un empleado de la tienda de juguetes.

KFC y Pizza Hut se van de Rusia. McDonald’s anunció en mayo que cerraría sus restaurantes en el país, que luego fueron vendidos a una empresa local. Algunas empresas vendían sus productos a través de franquiciados en Rusia y tuvieron que deshacer complejas asociaciones con empresas rusas.

La noticia de la apertura de tiendas para extranjeros ha traído viejos recuerdos a los ‘expatriados’ más veteranos: «Yo compré en una beryozka cuando vine a la universidad de verano en el 88. Con ser extranjera y pagar en dólares me bastó. Era una tienda más bien de souvenirs; compré vodka, una baraja y tal vez algo de comer», recuerda una española que vivió los últimos compases de la URSS.