Rishi Sunak y Liz Truss pasan a la final por suceder a Boris Johnson

Rishi Sunak y Liz Truss pasan a la final por suceder a Boris Johnson

Diplomacia & Geopolítica Boris Johnson, de Madrid al suelo Reino Unido Una nueva vida loca (y rentable) para ‘Billion Dollar Boris’

La sucesión de Boris Johnson es ya cosa de dos. El ex secretario del Tesoro Rishi Sunak y la secretaria de Exteriores, Liz Truss, son los finalistas en la carrera por el liderazgo conservador. El anuncio se ha producido horas después de que el propio Johnson, en su última intervención parlamentaria, definiera así sus tres años en el poder: «Misión largamente cumplida». Su despedida, a lo Arnold Schwarzenneger, dejó en el aire la posibilidad de una revancha política: «Hasta la vista, baby«.

La última votación entre los parlamentarios ‘tories’ ha supuesto la eliminación de la tercera en discordia, la ex secretaria de Defensa Penny Mordaunt. La decisión final queda ahora en manos de los más de 150.000 militantes ‘tories’, que votarán a lo largo del mes de agosto y decidirán el nombre del próximo inquilino de Downing Street el 5 de septiembre.

La carrera empezó con ochos aspirantes que fueron eliminándose en tandas sucesivas mostrando las fricciones internas de los ‘tories’ en temas como la política económica, el recorte de impuestos, el «dividendo» del Brexit o el objetivo de «emisiones cero» para el 2050. La campaña fue también un juicio a la «honestidad» y la «integridad» de Boris Johnson, que, a su manera, influyó desde fuera.

Un ministro dimisionario y una ministra «leal» se disputarán al final el cetro conservador en una batalla encarnizada que puede dejar a la luz las profundas divisiones dentro del Partido Conservador. Aún no hemos visto nada…

A sus 42 años, Rishi Sunak tiene el reto de demostrar su condición de «golden boy» y joven promesa del conservadurismo británico. Podría ser al mismo tiempo el primer ‘premier’ de origen indio y también el más rico, después de haber entrado este mismo año la codiciada lista de ‘The Sunday Times’ con una fortuna estimada en 850 millones de euros (combinada con la de su mujer, Akshata Murthy).

Sunak ha sido durante meses el favorito indiscutible a la sucesión de Johnson, aupado por la popularidad de su paquete de rescate durante el Covid (conocido popularmente como «Furlough») que garantizó millones de puestos de trabajo. Su popularidad ha caído, sin embargo, en picado a raíz del escándalo protagonizado por su esposa, hija del magnate de la tecnología indio Narayan Murthy, que se acogió al estatus de «no domiciliada» en el Reino Unido para eludir impuestos.

Desde entonces, su percepción como miembro de la alta élite económica, en contraste con su pasividad ante la crisis del coste de la vida -que es hoy por hoy la principal preocupación de los británicos- ha causado grandes estragos en su imagen. Hasta el punto de figurar entre los tres miembros peor valorados del gabinete Johnson en el momento de anunciar su dimisión como secretario del Tesoro.

En medios conservadores (y en especial ‘The Daily Mail’) se le considera como el «traidor» que propició la caída de Johnson, que ha hecho todo lo posible por boicotear su campaña desde fuera. Varios miembros del gabinete leales a Johnson -como Dominic Raab y Steve Barclay- la han dado, sin embargo, su apoyo por considerar que es el político más capacitado para llevar las riendas del país en momentos de crisis.

Durante la campaña, Rishi Sunak ha hecho valer sus credenciales económicas y ha criticado las propuestas de sus rivales como «cuentos de hadas». En vez de prometer un recorte inicial de impuestos, ha anticipado que su principal objetivo será combatir la inflación, aunque tenga que tomar medidas no necesariamente populares. Su defensa del Brexit «desde el primer día» ha sido otra de sus bazas ante sus correligionarios conservadores.

Marcando las distancias con su predecesor, Sunak ha prometido ser «honesto» con los británicos y convertir la «integridad» en uno de los principios básicos de su Gobierno. De entrada, ha negado que el ex estratega de Johnson, Dominic Cummings, haya estado vinculado a su campaña, que llevaba, en realidad, urdiendo desde finales del 2021.

Sunak nació en 1980 en Southampton, hijo de una familia de clase alta de origen indio (padre médico, madre farmacéutica). Recibió la privadísima educación inglesa y estudio Economía en Oxford, para marcharse con una beca Fulbright a Stanford, donde conoció a la que sería su esposa. Se curtió como banquero en Goldman Sachs y otros fondos de inversiones antes de dar el vertiginoso salto a la política en 2015. Estuvo en segunda fila con Theresa May y saltó, finalmente, al primerísimo plano cuando Boris Johnson le nombró secretario del Tesoro en sustitución de Sajid Javid en el 2019.

El principal reto al que se enfrenta su campaña -«Ready for Rishi»- es, precisamente, la percepción de lejanía con respecto a los problemas del británico medio, de ahí el empeño de hacerle salir sin corbata en los debates y de rescatar la imagen de «amigo del pueblo» que le hizo subir enteros durante la pandemia.

Liz Truss llega a la recta final del concurso ‘tory’ con la vitola de la candidata «leal» a Boris Johnson y con el viraje inevitable hacia el ala dura del partido que ha consolidado como secretaria de Exteriores, con la ley del Protocolo de Irlanda y su enfrentamiento a Bruselas como tarjeta de presentación.

«¿De qué te arrepientes más, Liz, de haber sido liberal-demócrata o de haber defendido la permanencia en la UE?», le preguntó con sorna Rishi Sunak en el último debate, con la manifiesta intención de dejarla en evidencia por su oposición inicial al Brexit y por sus orígenes no necesariamente conservadores.

Liz Truss nació en Oxford hace 46 años, en el seno de una familia de izquierdas que la llevaba a manifestaciones contra Thatcher (a la que ahora, curiosamente, imita en una larga colección de imágenes con las que se ha ido prodigando en las redes sociales). Durante la campaña ha puesto un especial énfasis en descartar su extracción humilde y su educación en un colegio público, en contraste con la infancia superprivilegiada de su rival.

«Me hice conservadora precisamente para evitar que los niños se queden atrás y no tengan oportunidades», respondió con ese rictus de mujer enojada que a veces le caracteriza, comparada también, a su pesar, con la imagen robótica que proyectaba Theresa May.

Truss ha ido, sin embargo, subiendo enteros durante los debates, en los que recordó su condición de adalid del libre mercado y presumió de haber sellado decenas de acuerdos comerciales post-Brexit, antes de dar el salto al Foreign Office. Se ha jactado de ser una política que cumple con su palabra y que traduce sus promesas en acciones, con mención especial al liderazgo internacional del Reino Unido plantando cara a Putin en la guerra de Ucrania.

Consciente también de cuál es la máxima preocupación de los británicos, ha prometido «un recorte de impuestos desde el primer día» y ha cuestionado la política-económica de Sunak, que intentó devolverle, sin éxito, la acusación de «socialista». El enfrentamiento entre ambos ha ido a más durante la campaña, hasta el punto de la suspensión de los últimos debates televisivos.

Truss es la representante del «continuismo» de Johnson, que ha alentado desde las sombras su campaña. Dentro del gabinete, sin embargo, le ha costado arrancar apoyos, y eso se interpreta también como un síntoma del recelo creado por su fama de ambiciosa y su autopromoción de los últimos meses. Los ministros del ala dura, Jacob Rees-Mogg y Nadine Dorries, se han quedado prácticamente solos en el momento de pedir el apoyo a su candidatura.

La secretaria de Exteriores llegó tarde a la parrilla de salida y pasó por momentos inciertos, tras la remontada de Penny Mordaunt, pero ha ido ganando terreno entre las bases y en el último sondeo de YouGov es ya la favorita en un mano a mano con Rishi Sunak.