Por qué llegar a un nivel de «deuda cero» puede ser malo para un país

A primera vista, no deberle dinero a nadie parece un oasis en medio del desierto. Pero cuando se trata de un país, la idea de no tener deudas puede volverse un problema en vez de una ventaja.

Redacción BBC News Mundo

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A nadie le gusta deber dinero, es cierto. Pero cuando se trata de un país con sus finanzas sanas, pedir dinero prestado para hacer inversiones y empujar el crecimiento económico es una buena estrategia, dicen los expertos.

Al contrario, si países prósperos como Noruega, Suecia o Suiza —cuyo nivel de deuda es bajísimo— no pidieran préstamos en los mercados financieros, estarían perdiendo la oportunidad de seguir desarrollándose y hacerse aún más ricos.

«Tener deuda no es algo malo o bueno en sí mismo. Depende del país y las condiciones de financiamiento que pueda conseguir», dice en diálogo con BBC Mundo Hugo Osorio, subgerente de Estrategias de Inversión de la firma de servicios financieros Falcom Asset Manager.

Para aquellos países con alto nivel de ahorro, poco déficit y sus cuentas fiscales en orden, tener «deuda cero» no es una aspiración.

Como tampoco lo es para una empresa que busca financiamiento para seguir creciendo.

Distinto es el caso de una persona, una empresa o un país que está con la soga al cuello por el pago de intereses. Si estás a punto de caer en la bancarrota, tu máxima aspiración sería tener «deuda cero».

Sin embargo, las mayores economías pueden resistir gigantescos niveles de deuda porque a final de cuentas los mercados tienen confianza en ellas y, si su calificación de riesgo es buena, la deuda pública no les quita el sueño.

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Basta con mirar lo que ocurre en Japón, la tercera mayor economía después de Estados Unidos y China, y la más endeudada del mundo entre los países desarrollados.

Su deuda pública llega al 256% del Producto Interno Bruto (PIB). ¿Está a punto de irse a la bancarrota? No. Básicamente porque el resto del mundo confía en la estabilidad del país y su calificación de riesgo es buena.

El insólito día en que EE.UU. tuvo «deuda cero»

Estados Unidos, con una deuda acumulada de 133% del PIB, sigue gozando de la confianza internacional y los bonos del Tesoro son considerados uno de los refugios más seguros para los capitales de los inversores frente a la inestabilidad, tal como está ocurriendo ahora con la crisis en Ucrania.

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Si bien es cierto que en 1835 EE.UU. decidió pagar todos sus compromisos financieros, llegando a la «deuda cero», el mundo ha cambiado tanto desde aquel entonces que ningún mandatario en su sano juicio se plantearía volver a hacerlo.

Otra cosa es la discusión política que existe en el país sobre qué tan alto es el endeudamiento y cuán perjudicial es para la economía, especialmente ahora que la deuda de EE.UU. escaló rápidamente por el aumento del gasto público en los paquetes de rescate para mitigar los efectos de la pandemia.

Y ese es precisamente uno de los grandes debates a nivel global: el gran aumento de la deuda pública en medio de la pandemia y cómo ahora los países enfrentarán el desafío de reducir el gasto fiscal en medio de una ola inflacionaria rampante y un lento crecimiento económico proyectado para este año.

¿Pero cuánto es un nivel aceptable de deuda? Eso depende de cada país.

Argentina tiene una deuda neta de 102%, según los últimos datos del Fondo Monetario Internacional, FMI, y aunque es menor que la de Estados Unidos, su nivel de riesgo es completamente diferente.

La otra cara de la moneda son los países hundidos en el lodo como Afganistán o Haití, cuya deuda pública es bajísima, pero eso no es ninguna señal de bienestar económico.

¿Cómo funciona el sistema?

Para conseguir financiamiento los países emiten deuda con el compromiso de pagarle al acreedor una tasa de interés en un tiempo determinado.

Uno de los instrumentos más utilizados para financiarse es la emisión de bonos. Éstos pueden ser adquiridos, por ejemplo, por individuos, fondos de inversión, otros países o el banco central del mismo país emisor.

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En vez de pedir un préstamo a un banco o a un organismo internacional, los países colocan bonos en el mercado ofreciendo una rentabilidad al inversor.

Con ese fondos un gobierno puede financiar obras de infraestructura como un aeropuerto, invertirlos en educación, o en cualquier proyecto que requiera desembolsar recursos de las arcas fiscales.

También puede refinanciar su deuda actual con deuda nueva bajo mejores condiciones.

Los bonos, como los demás instrumentos de emisión de deuda, son otra manera de recaudar dinero, como lo son el cobro de impuestos o los ingresos provenientes de empresas públicas.

Si el país tiene un mayor nivel de riesgo, el bono le paga más intereses al prestamista y si, por el contrario, el país tiene una economía confiable, su bono paga menos intereses porque el inversor corre bajo riesgo.

Por otro lado, que un país emita deuda, no significa que no tiene ahorros.

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«Los gobiernos quieren impulsar el crecimiento y parte de una estrategia para impulsar el crecimiento es emitir deuda», le dice a BBC Mundo Elijah Oliveros-Rosen, economista senior de la división Latin America Global Economics & Research, de la consultora S&P Global Ratings.

«Lo importante es que lo que pagues en interés sea menos de lo que recaudes con la inversión que hiciste».

Por otro lado, explica el economista, los países necesitan asegurar un presupuesto estable.

Y, en ese sentido, «la deuda te garantiza que tienes los ingresos para poder cumplir con ese presupuesto» más allá de lo que pueda ocurrir con la variación de tus ingresos».

La emisión de deuda es, a fin de cuentas, una carta de estabilidad.

«Hay que buscar un equilibrio»

Las personas suelen tener el concepto de que pueden descansar cuando pagan la deuda hipotecaria de su casa porque el activo les pertenece.

«El problema es que están subvalorando el costo oportunidad de esa deuda», argumenta Manuel Romera, director del sector financiero de IE Business School, en España.

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Pero hay personas, agrega, que cuando terminan de pagar el crédito, hipotecan su casa para invertir en la bolsa el dinero que han recibido por esa hipoteca.

Como en la bolsa ganan mucho más en el largo plazo que de lo que les cuesta la deuda, consiguen un rendimiento extra, además de seguir viviendo en su casa, dice en diálogo con BBC Mundo.

Esa idea de endeudarse para invertir es similar a lo que ocurre con los Estados, apunta el economista.

«Cuando los Estados más se endeudan, más estructura de poder le dan a su propio Estado porque le piden dinero al resto del mundo para invertir en la sociedad».

«Hay que buscar un equilibrio. Quedarse con deuda cero es malo, igual que sería malísimo endeudarse en exceso».

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