Omara Ruiz Urquiola, la profesora a la que Cuba no deja regresar

Una aerolínea estadounidense le impidió abordar un avión con destino a La Habana. Las autoridades cubanas aseguran que no tiene restricciones para regresar.

Valentina Oropeza Colmenares – @orovalentiBBC News Mundo

17 minutos

Fuente de la imagen, Omara Ruiz Urquiola

Cuando supo que no podía regresar a Cuba, Omara Ruiz Urquiola sintió que lo perdía todo.

«Inmigración de Cuba envió un correo electrónico de que no puede viajar», dijo una empleada de la aerolínea estadounidense Southwest el pasado 25 de junio.

La activista cubana se encontraba en el aeropuerto de Fort Lauderdale, en el sur de Florida, lista para regresar a su país después de pasar una temporada en EE.UU.

En un video publicado en sus redes sociales, Omara dijo que «una empresa norteamericana no tiene por qué acatar las leyes de la dictadura cubana».

«Nosotros no le podemos exigir a un país que deje entrar a una persona», contestó la representante de la aerolínea.

Como historiadora había leído sobre el destierro, una experiencia común entre los patriotas cubanos que lucharon por independizar a la isla de los colonizadores españoles durante el siglo XIX.

El destierro le recordaba los versos del poeta cubano Bonifacio Byrne y la biografía de José Martí.

«¿A quién se le ocurre pensar en el destierro en el siglo XXI?», se preguntó en silencio frente al mostrador de la aerolínea.

La desconfianza

La profesora cubana de 49 años había empacado botas de trabajo, una segueta, limas para afilar machetes y una máquina manual para moler granos, con la idea de usarlos en la finca familiar.

Fantaseaba con la sorpresa que se llevaría su madre al ver aquellas herramientas que no conseguían en Viñales, un municipio agrícola de Cuba ubicado en Pinar del Río, 183 kilómetros al oeste de La Habana.

Habían estado separadas durante año y medio.

El pecho de Omara lucía inflamado y enrojecido, las lesiones sangraban. Como un órgano centinela, su piel anunciaba el avance del cáncer de mama a finales de 2020.

Preguntó a su médico en el Hospital Oncológico de La Habana por qué presentaba aquellos síntomas si estaba recibiendo la combinación de anticuerpos monoclonales que la habían mantenido saludable por tanto tiempo.

El diagnóstico acumulaba 16 años.

El oncólogo barajó dos hipótesis: o los medicamentos ya no estaban haciendo efecto o el cáncer había mutado. Ella sospechaba que no le administraban el tratamiento adecuadamente para debilitar su salud, en represalia por su activismo político.

«No soy opositora porque no milito políticamente, pero sí disiento del régimen que hay en mi país», dijo en entrevista telefónica con BBC Mundo.

Para tratarse su enfermedad había viajado a Estados Unidos.

El despido

Omara es historiadora del arte. Dictaba clases de Historia del diseño y Cultura cubana en el Instituto Superior de Diseño de la Universidad de La Habana.

A pesar de que ocupaba una plaza fija como profesora, fue despedida en julio de 2019.

Seis meses después fundó el Observatorio de Libertad Académica (OLA), junto con investigadores de la Universidad Sergio Arboleda en Colombia, con el propósito de documentar violaciones de derechos humanos contra estudiantes y profesores universitarios en Cuba desde 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder.

Fuente de la imagen, Omara Ruiz Urquiola

La sede de la OLA se instaló en Bogotá y Omara comenzó a cobrar un estipendio por sus investigaciones, gracias al apoyo de Civil Rights Defenders, una ONG sueca que respalda a activistas de derechos humanos internacionalmente.

Cubría el resto de sus gastos en Cuba con remesas que enviaban familiares.

A finales de 2020, participó en las protestas de los artistas del Movimiento San Isidro, a las puertas del Ministerio de la Cultura en La Habana, para exigir respeto a la disidencia, los derechos humanos y las libertades civiles y políticas.

Omara se marchó a Estados Unidos para proseguir el tratamiento contra el cáncer en enero de 2021. Y mejoró durante los nueve meses que recibió los mismos medicamentos que en Cuba, contó a BBC Mundo.

Cuando se sintió recuperada, compró un pasaje por poco más de US$ 200 para regresar a la isla en un vuelo que despegaría aquel sábado de finales de junio a las 9:20 de la mañana.

Fuente de la imagen, Omara Ruiz Urquiola.

«No puede viajar»

La profesora temía que le ocurriera lo mismo que a Anamely Ramos, una artista y disidente cubana que no pudo regresar a la isla después de que American Airlines le impidiera abordar un vuelo en febrero de 2022.

«Yo llamé, pero no nos dejan saber por qué no le están dando permiso para entrar en Cuba», insistió la empleada de Southwest.

Omara pidió ver el correo de Inmigración para tener un soporte escrito que le permitiera identificar a qué instancia debía dirigirse para gestionar su regreso. La representante dijo que no tenía por qué mostrárselo, era una «cosa privada» de la aerolínea.

La BBC no obtuvo respuesta al correo electrónico que envió a la Administración Federal de Aviación estadounidense para preguntar qué regulaciones siguen las aerolíneas al momento de impedir que un pasajero aborde un avión y por qué acatan procedimientos que pueden violar los derechos de los ciudadanos de otros países.

Fuente de la imagen, Omara Ruiz Urquiola

Un representante de prensa de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) dijo a BBC Mundo que no estaba «en condiciones de comentar sobre casos específicos en los que las aerolíneas nieguen el embarque a los pasajeros». Sin embargo, explicó por correo electrónico:»En general, las aerolíneas están obligadas a verificar que todos los pasajeros estén en posesión de los documentos de viaje requeridos y cumplan con las reglas de entrada al destino. De lo contrario, a menudo las aerolíneas son multadas y necesitan llevar al pasajero de regreso al origen en el primer vuelo disponible. Por lo tanto, si está claro desde el principio que a un pasajero no se le permitirá ingresar a su país de destino, las aerolíneas ciertamente no permitirán que viaje este pasajero».

Aseguró que no podía proporcionar «documentos ni protocolos» que regulen estas medidas.

«En vista de las multas parcialmente elevadas impuestas por los gobiernos, las aerolíneas harán todo lo posible para garantizar que los pasajeros aceptados en un vuelo cumplan plenamente con los requisitos de entrada del destino», añadió.

El departamento de prensa de la aerolínea Southest dijo a BBC Mundo por correo electrónico: «El gobierno cubano nos informó que a esta cliente no se le permitiría ingresar a Cuba y le compartimos esta información antes de la salida programada de su vuelo desde Fort Lauderdale. Lamentamos sus inconvenientes y nuestras acciones tenían como objetivo cumplir con los requisitos regulatorios cubanos».

Fuente de la imagen, Camila Acosta

Un familiar de Omara en la isla visitó la oficina de la Dirección de Inmigración y Extranjería en La Habana el lunes 27 de junio. Una funcionaria, que se negó a identificarse, dijo que podía volver a Cuba.

A diferencia de Anamely Ramos, la aerolínea no dio a Omara la posibilidad de cambiar la fecha del vuelo. Le entregaron un tiquet para que solicitara el reembolso del pasaje.

La profesora no tiene papeles para permanecer legalmente en Estados Unidos.

La protesta

Este lunes, el hermano de Omara, Ariel Ruiz Urquiola, presentó una queja ante la oficina de la ONU para los Derechos Humanos que exige una respuesta a la situación de Omara.

Una vez que entregó la carta de casi 60 páginas, el biólogo y ambientalista cubano inició la cuarta huelga de hambre y sed que ha emprendido como activista contra las autoridades de la isla.

Ariel protagonizó la más larga en 2018. No ingirió agua ni alimentos durante 16 días, tras ser condenado a un año de prisión por desacato a la autoridad, al enfrentar a dos hombres que irrumpieron en la finca de Viñales exigiendo permisos legales y certificados de propiedad sobre sus instrumentos de trabajo.

Fuente de la imagen, Omara Urquiola

El terreno de la finca de los Ruiz Urquiola pertenece al Estado cubano. Ariel es dueño de la casa y los animales, Omara es apoderada. La madre, de 75 años, es ahora la responsable de protegerla.

«Mi madre no se mueve de la finca evitando que hagan cualquier fechoría. Estamos exhaustos, esto no para desde 2015», contó la profesora a BBC Mundo.

«Ya antes habían estado acosándonos pero pensábamos que nos habían dejado en paz. Con ellos nunca se acaba la guerra».

La profesora experimenta lo que considera un destierro con un dolor profundo: «Solo queda el cuerpo físico, mi alma está en Cuba».

Omara llamó a su madre desde el aeropuerto para contarle que no podría volver aquel sábado. «A lo mejor la vida me está salvando de la muerte, mami».

Su madre le recordó que la finca y los animales estaban bien. Rita, la ternera más joven, nació hace un mes. Insistió en que lo más importante es que están vivas.

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