Noruega se debate entre la lluvia de millones y la mala conciencia por la guerra en Ucrania

El conflicto, que puede multiplicar por seis los ingresos por gas y crudo del país que luego irán a parar a un fondo estatal de inversión, abre la discusión sobre si se debe destinar parte de la riqueza a la solidaridad internacional. Leer

Noruega se debate entre la lluvia de millones y la mala conciencia por la guerra en Ucrania

El conflicto, que puede multiplicar por seis los ingresos por gas y crudo del país que luego irán a parar a un fondo estatal de inversión, abre la discusión sobre si se debe destinar parte de la riqueza a la solidaridad internacional. Leer

Una de las pocas certezas en el caos provocado por la guerra de Ucrania es que Noruega será el país europeo más beneficiado por la situación. Según un estudio del instituto de análisis económico Nordea Markets, el conflicto puede hacer que los ingresos petroleros del Estado noruego en 2022 sean seis veces superiores a lo previsto.

Noruega produce alrededor del 2% del crudo mundial y, como proveedor de cerca del 25% del gas natural de Europa, es el segundo mayor exportador a la región después de Rusia. La invasión ordenada por Vladimir Putin y las sanciones que ha traído consigo han disparado el precio del gas y del petróleo. El Gobierno noruego esperaba recibir este año 29.000 millones de euros de las ventas de gas y crudo, pero esa cifra podría ascender ahora a 179.000 millones.

Si los precios actuales se mantienen hasta 2023, las ventas de Noruega equivaldrán a unos 27.000 euros por habitante. La mayor parte de este dinero irá a parar al Fondo Gubernamental de Pensiones Global, conocido popularmente como el fondo del petróleo, un organismo estatal que tiene como objetivo declarado «garantizar una gestión responsable y a largo plazo de los ingresos procedentes de los recursos petrolíferos y gasísticos, para que esta riqueza beneficie tanto a las generaciones actuales como a las futuras».

Las estimaciones derivadas del estudio de Nordea Markets prevén que, si todo el gas del país se vende al Reino Unido y a la UE, además de la mitad del petróleo, lo cual es una estimación baja, Noruega recibirá por ello el 0,7% de la suma del PIB de la UE y del Reino Unido. Si a esto se añaden los dividendos que las sociedades anónimas europeas pagan al fondo del petróleo por sus inversiones, Noruega acaparará el 1% del PIB de la UE y el Reino Unido.

Tanta bonanza, no obstante, también está causando cierta incomodidad, como ha admitido Terje Aasland, ministro de Petróleo y Energía, en declaraciones al canal de televisión TV2: «Hay momentos en los que no es divertido ganar dinero y, dada la situación, éste es uno de ellos».

El debate actual gira en torno a si los beneficios deben guardarse en el fondo como si no hubiese pasado nada extraordinario o si, por el contrario, buena parte de ellos deberían dedicarse a ayudar a Ucrania y a otros países afectados por el conflicto. Por ejemplo, con una especie de Plan Marshall similar al empleado por Estados Unidos en Europa tras la II Guerra Mundial.

En un editorial sobre este dilema, el diario Dagbladet defendía la segunda opción: «Noruega no puede escapar a una desagradable realidad: se trata de una forma de beneficio de guerra. Nos estamos beneficiando de la situación mientras Ucrania es aplastada y la gran mayoría del mundo siente los efectos de la guerra como el aumento de los precios de la energía y de los alimentos, o la inflación general. Todo esto debe reflejarse en cómo pensamos utilizar el dinero».

De momento, para calmar la mala conciencia, el primer ministro noruego, el laborista Jonas Gahr Støre, ha anunciado que el fondo del petróleo empezará a reducir sus multimillonarias inversiones en Rusia como un primer paso para retirarse completamente de este mercado. Actualmente, el fondo posee tanto bonos del Estado ruso como acciones en 47 empresas rusas diferentes.

En cualquier caso, el debate sobre la moralidad de los fabulosos ingresos petrolíferos no es nuevo en Noruega, aunque hasta ahora había estado centrado en si el país podía permitirse vivir mucho mejor que la mayoría gracias a la venta de energía no renovable en un mundo que debería optar por alternativas sostenibles.

Por ahora, el dinero sigue siendo la prioridad principal. Los expertos locales coinciden en que una de las claves que explica el éxito económico noruego es que el Estado ha aumentado considerablemente su inversión en petróleo y gas (casi siete veces más que su inversión en energía sostenible y la red eléctrica), mientras el resto del mundo la reducía. La paradoja es que lo mismo que hace que esta industria sea tan rentable para el Estado -el altísimo impuesto noruego sobre el petróleo y el gas, del 78%- conlleva un riesgo inusualmente bajo para las empresas petroleras que explotan los yacimientos. En realidad, paga el Estado, ya que, aunque se queda con al menos el 78% de los beneficios de los operadores, también asume al menos el 78% de los costes a través de las deducciones del impuesto del crudo. Un negocio perfecto: en la práctica, ningún otro país productor democrático registra beneficios tan elevados.