Las grandes empresas no se quitan la mascarilla: la distancia de seguridad impide la vuelta a la normalidad

La normativa establece el fin de la obligatoriedad en interiores, pero deja la decisión en manos del departamento de prevención de riesgos laborales Leer

Las grandes empresas no se quitan la mascarilla: la distancia de seguridad impide la vuelta a la normalidad

La normativa establece el fin de la obligatoriedad en interiores, pero deja la decisión en manos del departamento de prevención de riesgos laborales Leer

El primer día tras la aparición en el Boletín Oficial del Estado de la modificación de la obligatoriedad del uso de mascarilla, estas protagonistas tangenciales de la crisis sanitaria todavía están muy presentes. Y todo parece indicar que aún seguirán, literalmente, en boca de todos durante un tiempo, pues el Gobierno establece como una de las condiciones para retirarlas una separación de 1,5 metros entre personas que es difícil de mantener en todas las zonas del espacio de trabajo.

El cubrebocas es, en cierto modo, como el villano de una película de terror que no termina de morir y aparece para dar un penúltimo susto a los protagonistas. Con la salvedad, por supuesto, de que ha tenido un importante papel en la prevención de la propagación del virus. Pero cuando parecía que el Gobierno había sentenciado definitivamente a la mascarilla, lo cierto es que todavía está muy presente en el día a día. Incluso en aquellas compañías donde no es obligatoria en el puesto de trabajo, puede serlo en otros lugares del mismo edificio como ascensores o baños.

Así, la tendencia entre las empresas del Ibex 35 y las grandes firmas del país es ir levantando su obligatoriedad con ciertos matices. A nivel general, la norma es permitir que los empleados no la utilicen si hay ventilación suficiente y se puede mantener una distancia interpersonal de 1,5 metros. Según publica el Ministerio de Sanidad, se pide un «uso responsable de mascarilla» y se deberá recabar la opinión de «responsables, mandos intermedios y representantes de las personas trabajadoras».

«En el entorno laboral, con carácter general, no resultará preceptivo el uso de mascarillas», detalla el BOE. No obstante, continúa el documento «los responsables en materia de prevención de riesgos laborales, de acuerdo con la correspondiente evaluación de riesgos del puesto de trabajo, podrán determinar las medidas preventivas adecuadas que deban implantarse en el lugar de trabajo o en determinados espacios de los centros de trabajo, incluido el posible uso de mascarillas, si así se derivara de la referida evaluación». La evaluación de riesgos tendrá en cuenta elementos como los anteriormente mencionados, además de nivel de ocupación, tiempo de permanencia, actividad o utilización de espacios comunes, entre otros.

Hasta ahora la normativa, con sus excepciones, era que las mascarillas eran siempre obligatorias en el lugar de trabajo, incluso si se podía garantizar la distancia de seguridad. Sin embargo, su redacción dejaba un pequeño vacío legal: el artículo 6 de la Ley 2/2021 establecía la obligatoriedad «en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público», pero el séptimo decía que se debían proporcionar a los trabajadores equipos de protección cuando no se pudiese garantizar la distancia.

La ley es, por lo tanto, ambigua y durante el día de ayer aún había muchas dudas. La medida estaba anunciada desde hace dos semanas, pero las empresas estaban a la espera de que se publicase en el BOE para conocer exactamente qué pasos debían seguir, pues el Ejecutivo ponía en manos de Prevención de Riesgos Laborales -y, en palabras de la ministra Carolina Darias, «el sentido común»- la decisión final. Varias de estas compañías explican que en estos departamentos descargaron el documento en cuanto estuvo disponible para saber a qué atenerse y, de hecho, algunas no tenían aún una norma firme durante el miércoles, pues debían adaptarla a multitud de situaciones, puestos y espacios de trabajo.

Entre las empresas que ya han tomado una decisión, reina el fin de la mascarilla con asterisco. En el puesto de trabajo se podrá dejar de utilizar, pero en salas de reuniones, ascensores, pasillos o espacios comunes ya hay más matices. Las comunicaciones internas que llegan a los empleados hablan también de usos obligatorios, recomendados (un banco, por ejemplo, lo sugiere si alguien «se dirige a ti con la mascarilla puesta») y opcionales. En este sentido, también se conmina a llevarla a quien presente síntomas de la enfermedad -cuando no sea posible el teletrabajo- o si hay cerca personas vulnerables (que, en cualquier caso, podrán llevar FFP2 sin problema). Es decir, hay muchos casos donde el cubrebocas deberá estar presente a lo largo de la jornada, ya que cambia la obligatoriedad en función del espacio, algo común a firmas de menor tamaño.

Asimismo, es norma general -pues también es normativa legal- que sea obligatorio su uso en espacios sanitarios y en medios de transporte. Las compañías hacen referencia tanto al caso de compartir vehículo de trabajo como a las propias lanzaderas que tienen las de mayor tamaño para llevar a sus empleados a distintas zonas.

En el caso de las aerolíneas, Sanidad no permite retirarla a «trabajadores de medios de transporte de personas» y, en cualquier caso, resulta difícil mantener la distancia de seguridad en los vuelos y la normativa puede variar en el punto de salida y de destino en los viajes internacionales, así que seguirán presentes en los aviones. En los aeropuertos aún no hay tomada una decisión, ya que Aena se reunirá este jueves para analizar la situación, por lo que de momento sigue vigente la obligatoriedad para los trabajadores.

También se trata de una medida particular para las empresas farmacéuticas y determinadas empresas del sector industrial, en las que, por seguridad, las mascarillas ya estaban presentes antes de la pandemia y continuarán después. En sus oficinas centrales sí se eliminan en espacios cerrados.

En tiendas y centros comerciales de gran tamaño no hay, de momento, un consenso. Algunos supermercados obligan a sus empleados a seguir utilizándolas, mientras que otros dan libertad a los trabajadores.

Además, en las grandes superficies hay muchos supuestos en los que sigue siendo obligatoria. Recomiendan el uso, por ejemplo, en áreas de descanso, vestuarios y baños, mientras que deberá ser utilizada si así lo dictamina el departamento de riesgos laborales en cajas o probadores, donde difícilmente se puede mantener la distancia de 1,5 metros.

En las pymes la situación es también variopinta, aunque, según explica el presidente de ATA Lorenzo Amor «la mayoría está determinando dar libertad al trabajador» y «se está retirando en la mayoría de casos». La excepción, apunta el directivo, son los establecimientos «con contacto estrecho con público como peluquerías o clínicas estéticas», donde se opta por ambas opciones.