Irlanda del Norte decide su futuro en un voto histórico

Irlanda del Norte decide su futuro en un voto histórico

Elecciones El Brexit agrava la crisis del unionismo en el Ulster

Irlanda del Norte votará por su futuro en unas elecciones históricas que pueden suponer el fin de la hegemonía unionista y el relevo nacionalista del Sinn Féin. El partido vinculado históricamente al IRA aventajaba por siete puntos (26% al 19%) al Partido Democrático Unionista (DUP), que confía en recortar distancias en la recta final con un llamamiento al «voto útil» y con un renovado rechazo al Protocolo de Irlanda.

Más de 1,3 millones de votantes acudirán a las urnas en un día que puede marcar también el ascenso definitivo del Partido de la Alianza de Naomi Long como tercera fuerza política, con su mensaje integrador que ha atraído por igual a católicos y protestantes, deseosos de dejar atrás los odios sectarios y la parálisis política de los últimos años.

El 5M puede tener por último un impacto a nivel nacional, con las elecciones locales consideradas hasta cierto punto como un «referéndum» sobre el liderazgo de Boris Johnson, devaluado por el ‘Partygate’ y otros escándalos políticos. Los sondeos vaticinaban los peores resultados de los ‘tories’ desde la era de Tony Blair, con un 24% del voto en los 200 ayuntamientos en liza, frente al 39% del Partido Laborista de Keir Starmer.

En la recta final de la campaña, Johnson ha intentado desviar la atención sobre la guerra de Ucrania y ha patinado estrepitosamente en televisión ante la cuestión que más preocupa a los británicos: el coste de la vida. El Banco de Inglaterra ha advertido el jueves de que la inflación puede dispararse por encima del 10%, y con esa sensación de que todo sube acudieron ayer los británicos a las urnas.

«Lo que nos preocupa realmente a los norilandesese es cómo llegar a fin de mes», confiesa el taxista Peter O’Connor, camino de Falls Road, donde aprovechará para votar (a Sinn Féin). «Los unionistas se han empeñado en echar la culpa al Protocolo de Irlanda, pero en Londres están igual, y todo esto es po la crisis energética y el Brexit. Ellos votaron por sacarnos de la UE y sabían lo que iba a pasar ¿de qué se quejan?».

«El DUP es un dinosaurio y estas elecciones les van a poner al borde de la extinción», asegura OConnor, 59 años. «Siguen estancados en las guerras del pasado. La gente joven no se define ya como «católica» o «protestante». Las barreras están cayendo e Irlanda avanza silenciosamente hacia la unificación. Nos llevará aún un tiempo, pero espero llegar a verlo».

Por la sede del Sinn Féin, antes de votar en la escuela de St. Patrick, se pasó la líder local Michelle O’Neill, que aspira convertirse en «ministra principal» de Irlanda del Norte. Le acompañaba el estatega John Finucane, que asegura que la unificación «servirá para aprovechar todo nuestro potencial». De cara a los votantes, sin embargo, el partido nacionalista ha suavizado notablemente su postura y ha dado prioridad a la economía y a la salud, para atraer, de paso, al voto moderado.

Los murales por los «héroes republicanos» y la «Irlanda Unida» van dejando paso a las Union Jacks y a las consignas unionistas al otro lado de Cupar Way, lo más parecido al muro de Berlín en el oeste de Belfast. La capital de Irlanda del Norte sigue dividida por casi un centenar de líneas divisorias, rematadas con alambres de espino y protegidas con puertas metálicas como las que dan acceso a Shankill Road.

Entramos ahora en zona unionista, con murales que rinden tributo «a las víctimas inocentes del IRA y del Sinn Féin». El verde y el naranja dejan paso al rojo y al azul. De las farolas cuelgan los carteles del DUP, del UUP, del TUV y del PUP, las cuatro fuerzas de un unionismo cada vez más fragmentado.

El rostro dominante aquí es el Jeffrey Donaldson, el líder del DUP que se ha convertido en blanco de todas las invectivas en el tramo final de la campaña, por culpar al Protocolo de Irlanda del aumento de precios (hasta el 19% en los productos congelados) a partir de un informe «manipulado» por su propio partido.

Las fuerzas unionistas se han quedado solas en el ataque sistemático al Protocolo de Irlanda, por considerar que ha servido para levantar una frontera en el Mar de Irlanda. El Gobierno británico se desmarcado en la última semana y ha dado a entender que no tiene intención de desenterrar de nuevo el hacha de guerra con la UE, al menos hasta que se despeje el futuro del Ulster.

En un colegio electoral de Agnes Street, acompañada por su madre y empujando el carrito con su propio hijo, Amy Donnelly, de 34 años, admite que votará «por los cuatro partidos unionistas». Su duda está en cuál poner en primer lugar, ya que el sistema de voto transferible (STV) para elegir a los 90 representantes de la Asamblea de Stormont le permite segundas «preferencias» que pueden ser vitales en caso de empate.

«Lo que más nos está afectando a todos es la cesta de la compra y la factura de la luz», reconoce Donnelly. «Yo no sé si esto es por culpa del Protocolo, pero las cosas no pueden seguir subiendo así. Vamos a necesitar no ya dos, sino tres sueldos. A este paso no vamos a poder comprar ni la leche«.