España y Japón, las únicas grandes economías que no recobrarán este año los niveles de vida previos a la pandemia

La invasión de Ucrania y ómicron destruyen la recuperación de la economía mundial Leer

España y Japón, las únicas grandes economías que no recobrarán este año los niveles de vida previos a la pandemia

La invasión de Ucrania y ómicron destruyen la recuperación de la economía mundial Leer

El Fondo Monetario Internacional ha recortado sus previsiones de crecimiento de la economía mundial en ocho décimas en relación a hace apenas dos meses y medio. La razón principal es la invasión rusa de Ucrania. Hay, además, un segundo elemento: la variante ómicron del Covid-19, que ha golpeado de manera especialmente dura a la segunda economía mundial, China. El efecto combinado de ambas crisis es que la economía mundial solo crecerá el 3,6% este año y el que viene, según explica el informe ‘Perspectivas de la Economía Mundial’, publicado hoy en Washington.

Como referencia, eso es exactamente lo que creció la economía mundial en los nueve años que van de 2011 a 2019. Es decir: es una expansión sólida, pero insuficiente después de una crisis sin precedentes como ha sido la del Covid-19. Los riesgos, además, son a la baja. La inflación puede ser mucho más alta de lo que prevé el informe. Y, si Europa adopta sanciones económicas más duras contra Rusia, que incluyan el sector energético, sufrirá un recorte del crecimiento y una aceleración de la inflación aún mayores, ya que el estudio del Fondo se basa en el supuesto de que las sanciones contra el régimen de Vladimir Putin se mantendrán todo el año en el nivel que tenían en marzo, pero no irán más lejos. Y ésta es una posibilidad que cada día que pasa es más cuestionada.

Para España, el recorte del crecimiento es de un punto porcentual, o sea, un poco mayor que en el conjunto mundial. Y la previsión es que tendrá, con gran diferencia, la mayor expansión de todas las grandes economías industrializadas, con un alza del PIB del 4,8%. El problema es que eso no es suficiente. La caída del PIB en 2020 -el primer año del Covid- fue tan enorme que con el crecimiento del año pasado y de éste no se recupera. El resultado es que los españoles serán, junto con los japoneses, los únicos ciudadanos de una gran economía desarrollada que terminen 2022 siendo, todavía, más pobres que en 2019. Crecer más que nadie no basta cuando se ha caído, también, más que nadie.

La previsión del FMI es una nueva muestra de que las previsiones macroeconómicas sobre las que se basan los Presupuestos del Estado de este año son totalmente inalcanzables. El Gobierno basó sus previsiones en un crecimiento del 7%, una cifra que ya era de por sí problemática, puesto que el FMI había predicho en octubre un alza del 6,5%. Pero, tras este recorte, esa cifra se antoja imposible. Ya en febrero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había dado a entender que el PIB iba a crecer menos, cuando afirmó que «en este momento se prevé que España tenga una tasa de crecimiento por encima del 5,5% en 2022». Una semana antes, el Fondo había pegado el primer tijeretazo al PIB para este año, al dejarlo en el 5,8%. Ahora, lo ha vuelto a rebajar en un punto. Es mucho menos que Alemania (1,7 puntos), Italia (1,5), y que la eurozona (1,1), pero más que Francia (0,6%), Japón (0,9%), Estados Unidos (0,6%), y Canadá (0,2%).

Las malas cifras no se circunscriben al crecimiento. En España la ola de inflación dejará el IPC este año en el 5,3%, justo al mismo nivel que el de la eurozona. Y el paro caerá, pero solo en 1,4 puntos, hasta el 13,4% de la población activa. Lo peor llega en 2023, cuando el desempleo apenas caiga tres décimas, y la tasa de desempleo se mantiene, prácticamente inalterada, en el 13,1%.

Todas estas magnitudes económicas reflejan una cosa: el rebote post-Covid está desapareciendo rápidamente. Y, con él, las posibilidades de que España corrija sus desajustes macroeconómicos. Si el Gobierno quiere mantener la reducción del déficit y hacer que el país gane en competitividad una vez que la recuperación se agote, deberá introducir reformas económicas y acelerar el ajuste fiscal, algo que, dado el panorama político español, parece poco probable que vaya a hacer. España, así, vuelve a ser un país con inflación alta, déficit considerable, y deuda que no cae cuando la economía crece y sí lo hace cada vez que ésta se frena.

El resto del mundo tampoco está para tirar cohetes. La suma de guerra y pandemia tiene un efecto devastador en la economía mundial. Estados Unidos alcanzará una inflación media del 7,7%, la cifra más alta desde 1981 aunque, a cambio, tiene también la tasa de desempleo más baja desde que comienza la serie estadística del FMI, en 1980.

La inflación estadounidense, además, podría ser más alta. El informe se basa en una previsión de una subida de los tipos de interés de 1,75 puntos porcentuales este año, y de otro punto más el que viene, pero el Fondo no descarta una subida más rápida, aunque no de mayor cuantía que esos tres puntos entre 2022 y 2023.

La segunda mayor economía mundial, China, también se lleva un duro golpe. La política del presidente de ese país, Xi Jinping, de buscar eliminar el Covid-19 de ese país por medio de confinamientos masivos lleva al Fondo a recortar el crecimiento de la segunda economía mundial en un espectacular 1,1%. Así, el PIB de China crecerá un 4,4%, la cifra más baja desde que las estadísticas del FMI registran a ese país. En general, la variante ómicron del Covid-19 golpea de manera especialmente dura a los países de Extremo Oriente.