España repetirá en 2023 como la gran economía de la UE con más inflación: un 4,8%, el doble de lo previsto

La OCDE es el primer organismo en pronosticar una inflación mucho más alta durante mucho más tiempo, a raíz de las sanciones a Rusia Leer

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La OCDE baja 1,4 puntos su previsión de crecimiento para España y sube 5 puntos la de inflación media

La inflación en España iba a bajar al entorno del 2% en 2023, lo que iba a situar al país como uno de los estados de la Unión Europea con menores subidas de precios el próximo año. Así lo pronosticaba el Gobierno, la Comisión Europea, el FMI y el Banco de España, pero eso era antes de que la UE aprobara sanciones económicas contra Rusia. Ahora, la OCDE advierte de que el IPC crecerá en promedio un 4,9% el próximo año, el triple de lo previsto en diciembre y la mayor subida entre las potencias de la UE.

«La guerra en Ucrania ha disipado las esperanzas de que la oleada inflacionaria experimentada en gran parte de la economía mundial en 2021 y principios de 2022 se reduzca rápidamente. El impulso adicional a los precios de los alimentos y la energía y el agravamiento de los problemas de la cadena de suministro implican que la inflación de los precios al consumo alcanzará su punto máximo más tarde y a niveles más altos de lo previsto», advierte la OCDE en su último informe de proyecciones económicas, publicado este miércoles.

Los precios volverán a subir en España otro 4,9% el próximo año, un incremento que se sumará al ya registrado este año -del 8,1% en promedio- y que empobrecerá aún más a las familias y restará más competitividad a las empresas. En otros países el incremento de precios será algo más moderado: en Francia subirán un 4,5%; en Alemania, un 4,7%; en Italia, un 3,8%; en Portugal, un 4%; en Grecia, un 3,4%, y de media en el conjunto de la Eurozona, un 4,6%.

La nueva previsión de inflación de la OCDE triplica la que tenían en diciembre, cuando esperaban que la inflación subiera el próximo año en España un1,5%, y duplica la que habían presentado para España el resto de organismos: la Comisión Europea pronosticó en mayo que la inflación pasaría al 1,8% en 2023; el Banco de España en sus proyecciones macroeconómicas la situó en el 2% y el FMI había llegado a situarla en el 1,3%.

Otros servicios de estudios como Funcas habían proyectado un repunte de precios promedio del 3,6% para el próximo año; CaixaBank Research apostaba por el 2,2%; la Cámara de Comercio apuntaba al 3%;CEOE, al 2,1%; y Santander, al 2,5%. Todos muy alejados de la nueva previsión de la OCDE.

Esta estimación choca también frontalmente con las cifras oficiales presentadas por el Gobierno en su Programa de Estabilidad 2022-2025, ya que mientras que el Ejecutivo preveía que el deflactor de PIB (indicador utilizado para medir la evolución de los precios que tiene en cuenta todos los productos de la economía y no sólo los de la cesta de consumo, como el IPC) subiría un 2% en 2023, la propia OCDE prevé que el deflactor suba un 4,6% el próximo año.

Para este año, el Gobierno esperaba que el deflactor subiera un 4% en promedio, cifra en la que coincide con la OCDE, que lo cifra en un 3,9%.

La inflación es una palabra que aparece 860 veces en el documento de 231 páginas presentado ayer por esta institución y es su preocupación principal, ya que precisamente es la que provocará un hundimiento de la demanda interna y el consumo en muchos países y una fuerte ralentización del crecimiento. En España, el consumo privado sólo crecerá una décima este año, lo que ha llevado a la OCDE a bajar el crecimiento del PIB hasta el 4,1%, frente al 5,5% que barajaba en diciembre.

«La economía mundial se debilitará fuertemente. Estimamos que el crecimiento mundial será del 3% en 2022 – frente al 4% que proyectamos en diciembre pasado- y del 2% en 2023. Las proyecciones de inflación se sitúan ahora en casi el 9% en los países de la OCDE en 2022, el doble de lo que proyectábamos anteriormente. La elevada inflación en todo el mundo está erosionando la renta real disponible y el nivel de vida de los hogares, y a su vez el consumo. La incertidumbre disuade la inversión empresarial y amenaza con frenar la oferta en los próximos años. Al mismo tiempo, la política china de covid cero sigue pesando en las perspectivas mundiales, reduciendo el crecimiento interno y perturbando las cadenas de suministro mundiales», describe la institución.

Aunque admiten que la inflación ayudará a reducir el peso de la deuda -y también de la deuda pública-, también erosiona la renta, el ahorro y el poder adquisitivo, y puede afectar a los beneficios de las empresas y la capacidad de invertir y crear empleo.

«La inflación es una carga que debe repartirse equitativamente entre las personas y las empresas, entre los beneficios y los salarios. Los gobiernos también tienen que desempeñar un papel mediante el apoyo dirigido a los más vulnerables para compensar el aumento de la inflación de los alimentos y la energía», reclaman.

La OCDE ha sido el primer organismo en pronosticar una inflación tan alta para el próximo año, lo que supone un riesgo de cara a las expectativas de los agentes, ya que si se consolida la idea de que los precios subirán con fuerza también el próximo año eso condicionará el comportamiento de particulares y empresas.

Para evitar efectos de segunda ronda, las expectativas son clave, ya que si una empresa asume que el próximo año le volverá a subir en promedio un 5% el precio de sus bienes intermedios tendrá más incentivos a incrementar los precios finales que si piensa que los precios se van a moderar. Lo mismo sucede en el mercado laboral: si un empleado cree que el próximo año seguirán subiendo los precios, tendrá más motivos para pedir una subida de sueldo.

La razón principal está en la guerra y, más específicamente, en las sanciones aprobadas contra Rusia: «aunque se puedan encontrar suministros alternativos en los mercados mundiales a precios más altos y se evite la escasez, como se supone en las proyecciones de referencia, se prevé que el embargo haga subir la inflación y debilite el crecimiento, especialmente en Europa«, apuntan.

Avisan, además, de que «los próximos embargos de la UE sobre el carbón y a las importaciones de petróleo por vía marítima procedentes de Rusia probablemente harán subir aún más los precios mundiales de la energía durante el próximo año, manteniendo la inflación general más alta durante más tiempo».