Erdogan anuncia ataques a Siria sin los apoyos de Rusia e Irán

Erdogan anuncia ataques a Siria sin los apoyos de Rusia e Irán

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La República Islámica no quiere más ataques turcos a su protegido. No es que hasta la fecha Irán estuviera a favor, sino que esta vez ha sido el mismo Líder Supremo, Ali Jamenei, quien ha expresado su parecer directamente al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, en un cara a cara previo a la cumbre tripartita sobre Siria programada para este martes. La otra palabra la tiene Vladimir Putin, segundo puntal del Gobierno sirio, quien ha aterrizado en Teherán en una rara visita al exterior en plena guerra de Ucrania.

Aunque la excusa para reunirse ha sido la mesa de Astaná, el proceso que desde 2017 trata de dar con una solución política para la guerra de Siria, los encuentros bilaterales de todos con todos han sido tanto o más importantes que la reunión tripartita. Erdogan ha tratado de convencer a iraníes y rusos de los beneficios de su deseado ataque al norte de Siria. Putin ha descrito como «positivos» los avances en el acuerdo con Erdogan para exportar grano ucraniano. Raisi ha ofrecido a ambos negocios y cooperación en Defensa.

Con el consabido ‘no’ iraní, se pueden complicar sobremanera los planes que Turquía ha anunciado de atacar dos zonas del norte de Siria: Manbiy, una población de mayoría árabe controlada por las milicias kurdas, y Tel Rifat, donde también hay desplazados kurdos. En ambos sitios hay presencia militar siria, rusa e iraní. Ante las reticencias rusas, Erdogan no se ha amilanado y ha dado a entender que atacaría con o sin su luz verde: «Manbiy y Tel Rifat son semilleros del terror», ha dicho al final del día. «Ha llegado la hora de que limpiar estos puertos en los que las organizaciones terroristas han hallado refugio».

Ha sido la primera vez desde el inicio de la ‘operación especial’ que el líder ruso ha volado más allá de las fronteras de la antigua Unión Soviética. Putin ha elegido la capital iraní como el sitio donde aparentar normalidad frente a los rusos, a pesar de su mal disimulada cojera y la movilidad limitada de su brazo izquierdo; y los presidentes Ibrahim Raisi y Recep Tayyip Erdogan, los mandatarios con los que codearse para alardear de amistades.

La guerra de Ucrania y el hambre

El mensaje subyacente ha sido claro: Rusia no pone todos los huevos en Occidente. En tiempos de sanciones, Moscú es capaz de mirar al Sur y a Oriente, a países como China, Emiratos Árabes Unidos o Turquía, que se resisten a la presión de EEUU para cerrar las puertas al negocio con los rusos. O a Irán, de cuya experiencia lidiando con las sanciones, los rusos han comenzado a aprender. Tras lo vivido con la retirada unilateral de Washington del pacto atómico en 2018, la atracción es mutua. Irán mira a Rusia.

La semana pasada, la Casa Blanca denunció que Irán planea vender a corto plazo «cientos» de drones a Rusia. Tamaña posibilidad suscita serias dudas entre los expertos en armamento dadas las limitaciones presentes de la industria militar iraní. Pero las miradas cómplices que se han regalado durante su encuentro Putin y el Guía Supremo iraní Ali Jamenei, que elige con cuentagotas a los líderes mundiales que recibe en su oficina, refleja fielmente este acercamiento.

No en vano, antes de la cita se anunció un Memorando de Entendimiento por 40.000 millones de dólares entre la compañía estatal de petróleos de Irán y la rusa Gazprom. Pero Hanna Notte, investigadora en Rusia y Oriente Próximo, se muestra escéptica sobre el alcance de esta relación. «Claro que los lazos se han profundizado en la última década, pero Rusia no juega solo con Irán. [El ministro de Exteriores ruso] Lavrov se ha involucrado profusamente con los Árabes», recuerda, en un comentario de Twitter.

La desconfianza hacia Rusia abunda en Irán, donde se recuerdan las buenas relaciones del Kremlin con Israel y el hecho de que, siempre que los israelíes han golpeado objetivos iraníes en Siria, Moscú ha mirado hacia otro lado. La línea dura iraní defiende el no alineamiento para no depender de grandes potencias, pero, a la vez, aboga por enfocarse en Asia para contrarrestar las sanciones occidentales. Eso convierte a Irán y Rusia, dos gigantes energéticos, en competidores por un mismo mercado.

De forma similar, el pragmatismo fruto de compartir área de influencia y la conveniencia han arrastrado a Erdogan a Teherán. Jamenei también lo ha recibido, pero con menos cordialidad que con Putin: «Un ataque militar a Siria dañará a la región y beneficiará a los terroristas», ha sostenido el Líder Supremo frente al presidente turco. Ambos han hablado de «terroristas», pero la definición de uno es distinta de la del otro: para Jamenei, son los rebeldes que Turquía apoya; para Erdogan, son los kurdos que Irán no combate.