El presidente argentino anuncia «batalla» contra «los especuladores y los codiciosos» y pide a sus ministros que bajen la inflación

«La inflación es casi una maldición con la que todos hemos crecido», dijo Fernández en el esperado discurso Leer

El presidente argentino anuncia «batalla» contra «los especuladores y los codiciosos» y pide a sus ministros que bajen la inflación

"La inflación es casi una maldición con la que todos hemos crecido", dijo Fernández en el esperado discurso Leer

El presidente argentino, Alberto Fernández, había prometido una «guerra» contra la inflación, pero en la noche de este viernes terminó hablando de una «batalla» sin dar mayores precisiones: puso en la mira a «los especuladores y los codiciosos» e instruyó a sus ministros para que encuentren y presenten las medidas que permitan derrotar al mal endémico de la economía argentina.

«La inflación es casi una maldición con la que todos hemos crecido», dijo Fernández en el esperado discurso. «Hemos visto paquetes, planes, grandes anuncios, y también los hemos visto fracasar una y otra vez. Llevamos diez años consecutivos con una inflación de dos dígitos».

La Argentina es «un país», dijo el presidente, «en el que algunos, por las dudas, suben los precios con total desdén (…) aprovechan un momento de excepción para acumular ganancias».

La guerra desatada a partir de la invasión de Rusia a Ucrania fue utilizada como argumento por el presidente de la tercera economía de América Latina, que tiene la tercera inflación más alta del mundo, cercana hoy al 60 por ciento anual.

«Sería absurdo cargarle a la guerra la culpa de nuestra inflación, pero está causando mayores problemas. Este contexto internacional complica más las cosas».

«El impacto de la guerra se extiende a todo el mundo, es importante que sepamos cómo nos afecta esta guerra, sus consecuencias ya están en la Argentina. Rusia y Ucrania proveen casi el 30 por ciento de las exportaciones mundiales de trigo y casi el 80 por ciento de las de aceite de girasol. Por eso los precios rápidamente comienzan a subir, los mercados internacionales ya están presionando sobre los precios internos».

«Tengo la responsabilidad de proteger de esas consecuencias económicas a la mesa de los argentinos (…). He tomado una decisión, constituir un fondo de estabilización con el objeto de evitar el traslado de los precios internacionales al precio que pagan los argentinos. He instruido a mis ministros para que ellos tomen las medidas necesarias».

«He decidido que el gabinete económico se concentre desde este momento en implementar todas las medidas necesarias contra la inflación. Estamos en una situación extraordinaria que requiere soluciones extraordinarias».

El discurso de Fernández llegó en medio de un contexto enrarecido en la política argentina: manifestaciones que cortaron martes y miércoles calles clave de la ciudad, el kirchnerismo votando en contra del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que propone el presidente de su mismo signo político y la inflación disparada al 4,7 por ciento mensual.

La expectativa que había generado el propio presidente a principios de la semana al anunciar una «guerra contra la inflación» se vio defraudada. El discurso del jefe del estado, grabado, se difundió casi dos horas después de lo anunciado. La reunión del gabinete económico, prolongada hasta la noche del viernes, contribuyó a que la sensación de improvisación fuera más fuerte.

Fernández, que asumió como presidente el 10 de diciembre de 2019, se jactó a lo largo de su mandato de no creer «en los planes económicos». Coherente con eso, su ministro de Economía, Martín Guzmán, no presentó nunca un plan integral para relanzar la tercera economía de un país que es miembro del G-20, pero que lleva más de una década sin crecer y tiene hoy el mismo PIB per cápita que en 1974.

La gran función de Guzmán fue renegociar la deuda externa con los acreedores privados, primero, y con el FMI, luego. El acuerdo con el FMI partió al gobierno, con la vicepresidenta Cristina Kirchner desentendiéndose del asunto y su hijo, Máximo, renunciando a su función de portavoz del grupo peronista en la Cámara de Diputados. En su discurso de esta noche, Fernández no mencionó a su vicepresidenta.

El presidente destacó como clave para el país el acuerdo de renegociación de la deuda de 45.500 millones de dólares con el FMI.

«El acuerdo nos permite mejorar la posición de nuestro país con el resto del mundo. Eso era necesario para que las empresas argentinas pudieran acceder al crédito. Ahora podemos desatar todas las potencialidades productivas que nuestras empresas tienen».

Tras anunciar la convocatoria para el lunes de «una mesa de acuerdo» para «diseñar un mañana en la lucha contra la inflación», el presidente aseguró que su gobierno controlará y fiscalizará precios: «Nuestra batalla es contra los especuladores, contra los codiciosos».

El analista económico Esteban Domecq señaló en la señal de noticias TN que la batalla de Fernández contra la inflación se enfrentará a dificultades que no están relacionadas con la guerra en Ucrania, ya que el gobierno lleva tiempo retrasando valores clave de la economía como las tarifas de gas y electricidad: «Llegamos a la guerra con todos los precios deprimidos. Tenemos un proceso de inflación muy alto pese a todo el anclaje de los precios relativos que hace el gobierno».