Bruselas rebaja 16 décimas la previsión de crecimiento de España este año

Bruselas rebaja 16 décimas la previsión de crecimiento de España este año

Rejón drástico. La Comisión Europea va a rebajar este jueves las estimaciones de crecimiento de España para este curso y el que viene, dejando su previsión en un 4,6 para 2021 y el 5,5% para 2022, 16 y ocho décimas menos respectivamente en comparación con sus cálculos de verano y casi dos puntos menos que el 6,5% y el 7% que todavía defiende el Gobierno, según los documentos a los que ha tenido acceso EL MUNDO. En las últimas semanas diversos organismos y servicios de estudio han corregido sus estimaciones, pero el giro de la Comisión Europea es de lejos el más radical, mostrando una preocupación por la economía española y la evolución de algunos indicadores.

Los técnicos comunitarios esperan un crecimiento del 4,4% en 2023 y una mejora muy lenta del empleo, con tasas de paro del 15,2%, el 14,3 y todavía un 13,9% en 2023 pese a la recuperación, lo que supone más del doble que en la media de la Eurozona pero volver ya a niveles de previos a la pandemia. Igualmente, esperan un déficit y una deuda muy por encima de los umbrales permitidos. El Pacto de Estabilidad está congelado y no volverá a ser reactivado hasta finales del año que viene, pero Bruselas espera que el déficit español pase del 8,1% de este año a un 5,2% el que viene y que todavía esté en el 4,2% en 2023, cuando ya se deberá aspirar al 3% como máximo. En esa línea, la Comisión estima que la deuda española cerrará este ejercicio en el 120,6% y sólo bajará hasta el 116,9% en 2023, prácticamente el doble de lo permitido por Maastricht en un momento clave para la reforma de las reglas fiscales.

La sacudida era esperada, y las instituciones son conscientes de lo precario de un análisis de este tipo en entornos tan cambiantes, pero su profundidad dejará herida en un Gobierno que pelea por generar confianza y vender credibilidad. Llega apenas horas después de que se haga público el acuerdo con la Comisión Europea para poder optar a los próximos desembolsos de fondos europeos, asociados al cumplimiento de hitos y a reformas. Son cuestiones legislativas, pero el paquete entero se sostiene sobre un escenario macroeconómico que ahora, por cuestiones internas y externas, está en duda.

La inevitable rebaja llega en un momento delicado, con la inflación disparada, un desacoplamiento todavía por entender entre el mercado laboral y el agregado de la economía, con la crisis energética en marcha y con interrogantes más que justificados sobre los Presupuestos. En especial después de que el INE haya revisado datos provisionales y con la sensación de que puede volver a pasar. ¿Tiene sentido en ese contexto mantener las cuentas previstas de 2020 cuando la previsión de crecimiento está tan alejada de lo esperado hace apenas unos meses? «Hemos adoptado una actitud prudente a la hora de preparar los Presupuestos Generales del Estado para 2021 y también para 2022, de forma que, de hecho, el mejor comportamiento de los ingresos fiscales nos permite incluso en un escenario macroeconómico no tan positivo, estar en línea para cumplir el objetivo de reducción del déficit público sobre el PIB y de la deuda pública sobre el PIB ya desde 2021 y por supuesto también en 2022,» aseguró Calviño este mismo martes en Bruselas preparando el terreno para las muchas preguntas que se van hacer estos días.

El documento que hoy presentará el comisario Paolo Gentiloni destaca la «firme recuperación» tras la «peor contracción en toda la UE en 2020» y el hecho de que, por fin, el turismo y el sector servicios están «apoyando la recuperación», lo que llevará a al que el consumo privado sea el factor clave del rebote. Bruselas cree que España volverá a los niveles de PIB previos al Covid a principios de 2023. El PIB real remontaría hasta un 5,5% este año y un 4,4% el que viene, gracias a la estabilidad proporcionada por las vacunas y la relajación de las medidas de confinamiento. Pero el informe advierte de que el «la persistencia» del virus y la «posible reaparición en otros países puede afectar al crecimiento, notablemente por el retraso en la recuperación total en el turismo». Por el otro lado, la llegada de los fondos comunitarios del Plan de Recuperación, que están ya fluyendo y seguirán haciéndolo en los próximos meses, se espera que sea un elemento decisivo en la consolidación de la reactivación. Pero para eso es vital que se aprueben muchas medidas, algunas especialmente controvertidas en materia laboral. Así que los desembolsos no están garantizados pase lo que pase.

El equipo de Gentiloni elogia una vez más programas como el de los ERTE, que «han mitigado extraordinariamente la pérdida de empleos y allanado el camino para la rápida recuperación del mercado laboral». Y aplaude que los ingresos, sobre todo de IVA y el IRPF, estén contribuyendo a controlar el déficit público, pero sigue alertando de que los niveles son altos. «El crecimiento sostenido en 2023, así como el control del total del gasto corriente, serán elementos clave para una mayor reducción del déficit», se lee en los papeles. Porque si algo han enseñado décadas de gestión de crisis es que casi todos los gobiernos prometen los ajustes por la parte de los ingresos, pero al final los más creíbles acaban llegando por la parte de los gastos, y rara vez de forma plácida.

Si las previsiones son un ejercicio etéreo habitualmente, se vuelven algo todavía más volátil en una pandemia y durante su salida. Los últimos trimestres han sido una montaña rusa, por lo que los números deben ser puestos en cuarentena. Así, a principios de julio la Comisión aumentó en tres décimas (desde el 5,9 al 6,2%) la estimación de este año para nuestro país, pero bajó en medio punto (del 6,8% al 6,3) la de 2022. Y ello después de haber aumentado en un punto y medio de golpe las mismas en mayo. Y ahora llega el hachazo de 1,6 puntos.

Los servicios de estudios y organismos internacionales van en un plano diferente al del Ejecutivo, que sigue manteniendo en 6,5% para este año y el 7% para el que viene. Lo fijó en abril, al remitir el Plan de Estabilidad a Bruselas, y no lo ha tocado en octubre, al enviar el borrador presupuestario de 2022 a la Comisión. A pesar de la inflación, el precio de la energía o la revisión a la baja más que significativa del INE sobre los datos provisionales de principios de curso. Funcas ha rebajado recientemente en 1,2 puntos su estimación, hasta dejarla en el 5,1% este año. El Banco de España, sin mojarse, habla de una «caída sustancial» en sus cálculos. La Airef está en un 5,5% en 2021 y un 6,3% el que viene. Y lo mismo el servicio de estudios de BBVA, que ha limitado en algo más de un punto sus cálculos previos para quedarse en el 5,2% ahora y el 5,5% el año que viene. La Comisión es la más pesimista, pero también la más dispuesta a hacer revisiones importantes al alza si las cifras de ingresos resultan ser mejor de lo esperado.

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