Boris Johnson, salpicado por el escándalo ‘Instinto Básico’

Boris Johnson, salpicado por el escándalo ‘Instinto Básico’

Reino Unido Johnson reconoce «el daño y la rabia» causados por el Partygate y pide perdón en el Parlamento

Lo último que le faltaba a Boris Johnson era verse salpicado en un escándalo bautizado por los tabloides como «la treta de Instinto Básico»». Y sin embargo ahí tenemos al «premier», acorralado por la investigación parlamentaria del Partygate y «desconcertado» -según ha declarado al Mail on Sunday un diputado «tory»- por los insinuantes cruces de piernas de la número dos laborista Angela Rayner.

«Ella sabe que no puede competir con Boris por el entrenamiento que él ha tenido para los debates en la Universidad de Oxford, pero (Rayner) tiene otras habilidades de las que él carece», confiesa el anónimo diputado conservador al Mail, en referencia muy explícita a los cruces de piernas al estilo Sharon Stone. «Ella misma nos lo ha admitido a nosotros mientras tomábamos una copa en la terraza de la Cámara de los Comunes».

De la noche a la mañana, la «treta de Instinto Básico» ha desplazado al «Partygate» de los titulares. Hasta el punto que la propia Angela Rayner tuvo que interrumpir su descanso dominical para salir al paso: «Me están acusando de usar una artimaña para distraer a un Primer Ministro desesperado y por el simple hecho de ser mujer, tener piernas y llevar un vestido«.

Boris Johnson, que ha vuelto a perder el norte desde su accidentado viaje a India, tuvo que intervenir personalmente para detener la bola de nieve con un mensaje en Twitter: «Por mucho que esté en desacuerdo con Angela Rayner en casi todas las cuestiones políticas, la respeto como parlamentaria y deploro la misoginia lanzada contra ella».

El «premier» ha escrito personalmente a Rayner para pedirle disculpas por la conducta de miembros de su partido y para dejarle claro que no él no ha tenido nada que ver con la «filtración», que no se trata de la típica cortina de humo para desviar al atención de la acuciante actualidad (Downing Street desmintió el sábado que Johnson haya recibido ya una segunda multa por el «Partygate»).

Pero Rayner no se mordió la lengua y acusó a los aliados de Jonhson de «recurrir a la difusión desesperada de calumnias pervertidas en un intento de salvar la piel» de su jefe de filas. «El (Johnson) y sus animadores tienen claramente un problema con las mujeres en la vida pública. Debería darles vergüenza, y no voy a permitir que sus viles mentiras me acaben disuadiendo. Sus intentos para acosarme e intimidarme van a fallar».

No es la primera vez que Angela Rayner siente en su piel la ira de los «tories». La «número dos» laborista fue «crucificada» por los tabloides el otoño pasado por describir a los conservadores como «homofóbicos, racistas y misóginos» y por referirse directamente a la «escoria tory» (lo que le valió una reprimenda más por parte del líder laborista Keir Starmer, con quien ha mantenido una tensa relación en los dos últimos años).

El acoso mediático ha llegado su vida privada con la publicación en The Sun on Sunday de unas fotos, el pasado mes de enero, en las que podía verse a Rayner -con uno de sus «vibrantes looks»- saliendo sigilosamente de su casa con su correligionario Sam Tarry e insinuando que habían pasado la noche juntos. Tarry está casado y Rayner se separó en el 2020.

Nacida hace 42 años en Stockport, en la dura periferia de Manchester, Angela Rayner dejó sus estudios y tuvo el primero de sus tres hijos con 16 años. Medró en la política a través del sindicato Unison, lo que lo que le permitió subir puestos dentro del Partido Laborista. En su réplica a las informaciones de este fin semana, Rayner recordó «mi educación pública, mi experiencia como trabajadora social, mi familia y mi clase» , que han sido usadas como armas contra ella por el Partido Conservador.
En contraste con el estilo frío de fiscal que suele exhibir su líder en los careos con Boris Johnson, Angela Rayner ha destacado por sus ataques directos con alta carga emocional, como el lanzado la semana pasada durante el debate del «Partygate»: «Como trabajadora social, sé los sacrificios que han hecho los británicos durante la pandemia y cómo han arriesgado sus propias vidas en primera línea de fuego. Mientas el Primer Ministro estaba de fiesta, muchos británicos fueron incapaces de acompañar a sus seres queridos en el lecho de muerte o de asistir siquiera a un miserable funeral por respeto a las reglas».
Angela Rayner ha recibido en las últimas horas la solidaridad de las políticas británicas, de la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon («lo ocurrido es un ejemplo de la misoginia a la que nos enfrentamos todos los días) a la conservadora Alicia Kearns: «Cuando las mujeres en política son denigradas de esa manera, los misóginos en todo el país se sienten empoderados».