Alemania prioriza el transporte de energía: el carbón antes que los pasajeros por la crisis y la sequía

Los actuales niveles de agua, en particular el del río Rin, sólo permiten el transporte de mercancías con una carga reducida Leer

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Alemania dará prioridad temporal al transporte ferroviario de carbón y petróleo sobre el de pasajeros en caso de que la crisis energética se agrave para garantizar así el funcionamiento rápido e ininterrumpido de las centrales eléctricas, refinerías y redes eléctricas. La decisión, que el Gobierno adoptó este miércoles por decreto, supondrá un cambio de las rutas de abastecimiento, un desafío logístico derivado del deseo de Alemania de liberarse cuanto antes de las importaciones de energía de Rusia.

Los ferrocarriles se encuentran en una situación de sobrecarga, «lo cual quiere decir que tendremos que priorizar, en caso de que a corto plazo se necesiten transportes adicionales en el sector energético», explicó, el ministro de Asuntos Digitales y Transporte, Volker Wissing. El decreto crea la base jurídica y las condiciones para poder actuar con rapidez «cuando se dé la correspondiente situación de emergencia» y sea necesario priorizar los transportes energéticos.. «Eso puede significar que los trenes de pasajeros tengan que esperar», lo cual, señaló Wissing, «no será una decisión fácil».

Para su colega de Economía y Clima, Robert Habeck sustituir el gas ruso en el sector de la electricidad por carbón y petróleo obliga a cambiar las rutas de abastecimiento y a priorizar el transporte de energía por ferrocarril». La sequía que sufre Alemania ha estrechado el abanico de la logística. Los bajos niveles de agua de los ríos alemanes, en particular del Rin, que actualmente permiten sólo el paso de barcos con un volumen reducido de carga.

Los volúmenes de mercancías que se transportan por el Rin no pueden transferirse al ferrocarril. Esto se debe a que ahora hay más trenes que nunca en la red ferroviaria alemana. Las obras de construcción de la infraestructura ferroviaria, deteriorada desde hace unas tres décadas, y el aumento de pasajeros que viajan con el billete de 9 euros están provocando un alto nivel de estrés: no sólo para los clientes y empleados del ferrocarril, sino también para la propia red ferroviaria.

Ni siquiera el 60% de los trenes alemanes de larga distancia llegaron a tiempo, aunque Deutsche Bahn ya no cuenta como retrasos los de hasta seis minutos. La situación es algo mejor en el transporte regional, donde casi el 90% de los trenes regionales son puntuales.

Los trenes de mercancías también son todo menos puntuales y fiables. Debido a que más de 200 trenes de mercancías han estado paralizados en algunos lugares, la industria alemana ha estado en las barricadas durante meses.

La crisis energética se ha agravado considerablemente en los últimos meses debido a la restricción del suministro de gas por parte de Rusia y a las sanciones contra el régimen de Putin. Además, un verano seco y caluroso ha provocado el estiaje del Rin y de otras vías fluviales importantes. Los ministros responsables sólo pueden esperar que llueva. O hacer que las señales de los trenes de mercancías relevantes para el sistema pasen a ser verdes. Y eso es precisamente lo que está en marcha.

«El objetivo es garantizar el funcionamiento de las centrales eléctricas, las refinerías, las redes eléctricas y otras empresas vitales», reza un documento de los ministerios federales de Economía y Transporte, distribuido el fin de semana. Para garantizar que el carbón siga llegando a las centrales eléctricas y a las refinerías de petróleo, quieren dar prioridad al transporte de energía por ferrocarril durante seis meses.

El líder del mercado, la empresa estatal Deutsche Bahn, pondrá en circulación 50 trenes semanales con 3.000 toneladas de hulla cada uno. Parece mucho, pero no lo es. Una gran central eléctrica de carbón como la de Gelsenkirchen-Scholven quema 20.000 toneladas al día a plena carga. En comparación con los 20.000 trenes de mercancías de DB Cargo, 50 trenes de carbón son, efectivamente, una anécdota en la primera economía europea, pero tienen la ventaja de que los suministros de carbón para las centrales eléctricas y las fábricas pueden almacenarse.

Pero el decreto del Gobierno, a simple vista comprensible, no ha caído bien en el sector del transporte con petróleo y gas, que está dominado en Europa por competidores privados organizados en la Red de Ferrocarriles Europeos. Para la subdirectora general de la asociación, Neele Wesseln, escéptica ante la nueva normativa del gobierno alemán, ese decreto era innecesario dado que trenes de mercancías ya podían tener prioridad hoy en día, pero previo pago de un recargo exprés.

La asociación Die Güterbahnen tampoco está muy entusiasmada «Suena plausible, pero podría resultar un parto de cabeza. Ya hay suficiente caos en los ferrocarriles», dijo el portavoz de la asociación, Peter Westenberger. Pidió «un debate a fondo en lugar de anuncios a bombo y platillo».

Casi no hace falta decir que los representantes de los pasajeros están en contra de dar prioridad a los trenes que funcionan con carbón, petróleo o gas. «Ningún tren de cercanías o de larga distancia debe ser cancelado por estos transportes», exigió Detlef Neuß, presidente de la asociación de pasajeros Pro Bahn. Dijo que el caos del abono mensual de 9 euros había hecho visibles para todo el mundo los graves problemas de los ferrocarriles en Alemania.

«Hemos estado dormidos en las últimas tres décadas en lo que respecta a la expansión e incluso hemos desmantelado criminalmente las infraestructuras». Más retrasos harían que la gente abandonara los trenes y volviera a sus coches y eso es exactamente lo que no queremos», afirma Neuß.

El ministro de Transportes intenta calmar los ánimos. Cuando la campaña del billete de 9 euros expire a finales de agosto, se aliviará la situación del tráfico de pasajeros. Además, sostiene Wissing no se han agotado todas las posibilidades de ampliar los trenes de mercancías o de hacer circular más trenes por la noche. Todo es posible, siempre y cuando se resuelva la pega que tiene ampliación de los trenes de mercancías y es que los vagones escasean en toda Europa.