Al menos seis muertos en varios ataques suicidas en Afganistán

La sangría afgana persiste. Una serie de explosiones en la capital afgana han dejado un reguero de víctimas en el distrito de Dashte Barchi, cuya mayoría de residentes pertenecen a la minoría hazara. Según fuentes policiales del Gobierno talibán, al menos seis personas han muerto y once han resultado heridas. Otras fuentes elevan la cifra de fallecidos a 20.

Según testigos presenciales, dos explosiones fruto de sendos ataques suicidas se produjeron en las inmediaciones del instituto de secundaria Rahim Shahid alrededor de las diez de la mañana, hora local. Puesto que la primera de las detonaciones tuvo lugar en la entrada del centro, en un día de actividad lectiva, se teme que entre las víctimas haya numerosos estudiantes.

Una activista feminista ha grabado un vídeo desde la puerta del hospital Jinnah, adonde han llevado a muchos de los afectados, denunciando que los talibán «no nos está dando permiso para donar sangre«, una práctica habitual en ese país en guerra cuando se produce un atentado. Algunos de los pocos periodistas que permanecen en el país han criticado, además, que las fuerzas de seguridad del Gobierno fundamentalista están dificultando su trabajo, prohibiéndoles tomar fotos o recabar datos.

La comunidad hazara, que profesa la fe islámica chií, ha sido a menudo objeto de atentados salvajes a manos de fundamentalistas suníes. En el pasado, sus líderes atribuían a los talibán muchos de estos ataques. En los últimos años, ha sido el Estado Islámico en el Jorasán, que sigue activo en Afganistán, el que ha reivindicado matanzas como la que tuvo lugar en mayo de 2020 en una maternidad del mismo Dashte Barchi. En aquella ocasión, 24 personas perecieron, entre ellas embarazadas y bebés.

El también conocido como IS se ha convertido en una piedra en el zapato de unos talibán que tomaron el poder por la fuerza, aprovechando el repliegue de tropas internacionales y la debilidad del Gobierno republicano afgano. Aunque los nuevos gobernantes prometieron estabilidad y el fin de la guerra, atentados periódicos, como el de este martes, sirven de recordatorio para los afganos de que, a pesar del cambio de Gobierno, el horror no cesa.